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Conozca Guanacaste bajo el mar

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La práctica del Buceo no es para todo el mundo. Es para quien se atreve, para quien se reta a sí mismo y para quien se deja llevar hacia algo que podría convertirse en la mejor experiencia de su vida.

Por dos días, un grupo de cuatro novatos nos sumergimos a aprender todo lo que podíamos acerca de este deporte. Guanacaste es el lugar ideal para hacerlo por la cercanía de sus playas y sus aguas cristalinas. La fórmula perfecta.

Playas del Coco fue el escenario, pero para quien quiere más aventura existen otros destinos para la práctica, como las Islas Catalinas (frente playa Flamingo), Islas Murciélago (Parque Nacional Santa Rosa), Virador, Argentina y Tortuga. Cada uno promete una experiencia diferente y requiere, eso sí, de distintos grados de experiencia.

El costo va a depender de la empresa que elija. Generalmente oscila entre los $500 y $600 e incluye la licencia de buceo al finalizar el curso.

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A lo que vinimos

Al principio puede sentirse antinatural. El cuerpo debe acostumbrarse a otro ambiente (al agua), y a otro tipo y ritmo de respiración: se inhala y se exhala por la boca.

Todo comienza en una piscina bajo instrucciones y pasos tan precisos que lo hacen sentir a uno ante lo que es:  un deporte extremo.

David García, instructor de buceo en Ecodivers y con más de diez años de experiencia, nos familiariza con el equipo y nos pone en contacto con la primera experiencia de respirar bajo el agua.

Con el equipo puesto, nos pide que nos tapemos la nariz y que solo respiremos a través del tanque. Cerrar los ojos nos ayudaría.

No es fácil. El cuerpo nos pide respirar por la nariz y ahí es donde hay que empezar a trabajar, a tranquilizarse y a comprender el nuevo ambiente.

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“Esta es la parte más difícil”, nos anima David mientras el grupo de cuatro novatos nos miramos incrédulos en cómo esto, que resulta incómodo, se puede convertir en una buena experiencia.

Imaginándonos el peor escenario, practicamos varios ejercicios de seguridad: que se nos acaba el aire, que hay que rescatar a un compañero, que se nos pierde la máscara que nos permite ver bajo el agua, que la boquilla por donde sale el aire (regulador) se nos cae… todo esto nos consume una mañana completa. Nos preparábamos para ir al mar.

Una vez en el oceáno, descendemos en un lugar de no más de tres metros de profundidad. Era nuestra primera inmersión y lo que sentimos es indescriptible. Es tanta la adrenalina que la respiración se acelera y nos lleva de nuevo al autocontrol.

En ese momento, David nos recordaba  las señas vitales bajo el agua: avance, es hora de subir , de descender, cuánto aire les queda en sus tanques; todo para nuestra seguridad.

Nos lanzamos y dos rayas aguardaban por nosotros, estábamos ahí, entre corales, peces aguja y peces globo. Corrientes de agua mucho más frías nos tratan de sacar de la concentración, pero el ambiente se vuelve cada vez más parte de nosotros.

Se hizo la magia

Llegó el segundo día de entrenamiento. Ya tuvimos dos inmersiones a pocos metros de profundidad y estamos familiarizados con el equipo y con el mar, pero todavía tenemos que estar concentrados sin que eso nos quite las ganas de disfrutar.

El ritual es el mismo que el día anterior: chequear exhaustivamente el equipo y ponérselo siguiendo al pie de la letra las instrucciones.

Llegó el momento de ver una tortuga carey, una especie considerada en peligro de extinción. Además, otros dos tipos de rayas diferentes y varios bancos de peces nos acompañaron durante el recorrido. Aquí descendimos a unos 12 metros de profundidad.

Los comentarios entre el equipo de novatos eran parecidos: “se me olvida que llevo el tanque”, “es otro mundo allá abajo”, “¿viste la tortuga?”. Cada uno viviendo una experiencia distinta, indescriptible, pero más que placentera.

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Lo mejor se quedaría para el  final, y el cierre del fin de semana se guardaba la prueba de fuego y el éxtasis para muchos de nosotros.

Sujetados de una cuerda descendimos a 18 metros en la zona conocida como Cabeza de Mono y estaríamos bajo el agua alrededor de 40 minutos.

Langostas, estrellas de mar y cientos de peces hicieron que  olvidáramos por completo que hace unas horas no sabíamos nada del deporte. Era solo respirar, flotar, y deslizarse por el océano.

“Es vivir en cámara lenta, con euforia, bajo los efectos de la droga más noble: la de descubrir lo fantástico”, terminó resumiendolo César, uno de los ahora nuevos buzos.

Estar bajo el mar hace que solo vivamos el momento presente, nos hace sentir afortunados, agradecidos  y minúsculos ante un mundo tan desconocido como fascinante.

Ahora solo contamos los días para que la experiencia se repita y, por qué no, ver la ballena que todos soñamos con encontrar en las profundidades del mar.

Asegúrese de:

  • Que su instructor esté certificado y activo con licencia de la Asociación profesional de instructores de buceo (PADI, por sus siglas en inglés)

  • Que la empresa con la que irá a bucear esté bien recomendada

  • Que el curso culminará con la entrega de una licencia para buceo (certificación Open Water)

  • Llenar y revisar los formularios de salud y de seguridad antes de ingresar al agua

Contacto:

  • Ecodivers

David García

8845-5569

david@ecodiverscr.com

  • Freedom Diving

Steeve Hardy

2656-0479

steevehardy_12@hotmail.com

  • Deep Blue Diving

dive@deepblue-diving.com

2670-1004

*La empresa se encargará de proporcionarle el equipo de buceo, un barco y guías para la práctica.

 

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