General, Salud

Soy Guanacateco. Soy como el venado. Si me gritan y me agarran… Yo respondo enojado: uyuyuii bajura!

Y vaya que es cierto que desde muy pequeños se nos hace saber acerca del enojo. Puede que resulte normal que en casa no se hablara de dicho tema y hasta se nos enseñe que es “malo enojarse”. En general,  se conoce del temperamento de los costarricenses, pero a veces se hace incapié en la respuesta un poco más enojada de algunas personas más que otras, especialmente de algunas provincias, incluidas la nuestra. El asunto es que el problema no está en enojarse, si nó la forma en la que comunicamos el enojo. Para ello primero vamos a ver un poco sobre que nos dice la teoría acerca de ésta emoción que utilizamos tanto.

El diccionario nos define el enojo como una emoción natural del ser humano, básicamente nos explica que la persona se enoja cuando algo no le gusta o no es de su agrado. Aunque con ésta definición nos damos una idea general de lo que sucede en el acto de enojarnos, hay que aceptar que nos deja un sinsabor, ya que pareciera que describen el enojo como una emoción no tan grata, máxime si leemos otras definiciones que nos dan otros autores: por ejemplo en una investigación del año 2013 llevada a cabo en la Universidad Iberoamericana de Puebla, México, se plantea que el enojo es un sentimiento de enfado ocasionado por falta de respeto u obediencia, el cual si se sale de control, provoca problemas en la calidad de vida de las personas y cuyas consecuencias afecta a quien lo experimenta y a quienes están a su alrededor.

Podemos observar que las definiciones que están mas a mano son negativas, sin embargo, hay una excelente noticia, y es que el enojo puede controlarse de manera que usted y yo tenemos el poder para decidir el como, el cuando y en donde nos enojamos; con ello también usted tiene otra excelete noticia y es que podemos re-aprender a como enojarnos, es decir, desde muy temprana edad se nos dice “no se enoje”, pero lo que pasa es que lo correcto habría sido que se nos dijera “enójese, pero de la forma adecuada”.

Por siglos nos hemos enojado, de hecho ésta emoción alguna vez nos dio la oportunidad de enfrentarnos al tigre Dientes de Sable y gracias al enojo, sobrevimos, sin embargo, los tiempos han cambiado y ya no estamos enfrentándonos a ese tigre, y así como hemos cambiado en muchos aspectos, también podemos efectuar cambios a nivel psicológico. Ahí se encuentra la clave, es una necesidad que cambiemos nuestra forma de transmitir a los demás cuando estamos enojados.

Para lograr lo anterior no se olvide en primera instancia de respirar profundo, tres veces como mínimo. Pregúntese ¿porqué estoy enojado u enojada?, ¿cómo y porqué llegué a éste punto?, piense en cual alternativa le va a ayudar a trasmitir el mensaje al otro de una forma más efectiva, y sobre todo tome aquella que no le va a traer consecuencias negativas a usted más de las que ya causa la situación misma. Por ejemplo, si opto por la violencia para expresar mi enojo puedo descargar mi furia y liberar estrés, pero luego cuando todo pase, probablemente habré provocado un desastre mayor y a la larga pueda que me arrepienta de mis actos; una alternativa sería si luego de respirar profundamente, trato de hablar con la persona que causa mi enojo y si ya no fuese posible me retiro para luego dirijirme a una entidad o persona que me ayude a comunicar y hacer respetar mi punto de vista.

No es tan fácil cambiar una conducta del enojo por otra, ya que por muchos años hemos seguido con una misma receta de cómo enojarnos y como expresarnos cuando estamos enojados, sin embargo, recuerde que usted tiene el poder de cambiar todo respecto a su comportamiento, usted tiene el puesto de jefatura de su cuerpo y puede ser el mejor o el peor administrador del mismo, usted decide.

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