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Vigilancia epidemiológica: detrás de la «primera línea de batalla» en Nicoya

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Sin hablar mucho, en medio de una calle del distrito central de Nicoya, dos funcionarios de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) comienzan a ponerse trajes impermeables de cuerpo completo, mascarillas, caretas y dos capas de guantes. Vestidos «como astronautas» –bromean– entran a una pequeña casa para realizar seis pruebas COVID-19 de una vez. Así es su nueva normalidad.

Hoy corre una brisa suave. Los funcionarios se ven como astronautas, mas no están en el espacio. Están en Nicoya, a una temperatura de 32 grados. La humedad de la lluvia de la noche anterior, junto al sol de las 11 de la mañana y los materiales plásticos de su vestimenta, hace que suden y les causa cierto fastidio.

En un escenario ideal estarían en un laboratorio, usando instalaciones hechas especialmente para su labor y con el aire acondicionado. Sin embargo, el Ministerio de Salud y la Caja han ordenado que todos los casos sospechosos de COVID-19 que puedan quedarse en casa, deben ser muestreados ahí, sin importar las condiciones del hogar; y así lo prefieren los epidemiólogos también. 

Nos ayuda mucho ir a la casa del paciente y no tener un puesto fijo, porque así podemos ver también el contexto social de esa persona», dice Sugeidy Castillo, jefa del departamento de epidemiología en Nicoya y también parte de los equipos de muestreo de pruebas en la zona. 

Desde que se implementaron estas directrices,  los equipos de pruebas han tomado las calles como sus nuevos centros de trabajo, visitando cada lugar con casos sospechosos y tomando las casas de los pacientes como si fueran laboratorios. Se les llaman equipos de muestra rápida domiciliar, porque fueron capacitados para sustraer pruebas en cualquier contexto posible. 

En la región Chorotega generalmente hay un total de 14 equipos, uno por cada Área de Salud de la provincia, más los de Upala y Jicaral. Cuando hay una mayor cantidad de pruebas los equipos pueden dividirse entre varias unidades.

A inicios de marzo, con el primer caso de COVID-19, el ritmo de vida cambió para cada persona en el país. La percepción del tiempo se transformó y trajo consigo horarios confusos, días parecidos entre sí, y una rutina más sedentaria… todo bajo el principio de quedarse en casa. Para los equipos epidemiológicos de cada centro, por el contrario, han sido los meses más desgastantes de su vida

Para ellos, su estación de trabajo ahora es la parte trasera de la camioneta institucional, junto a las mesas y sillas que los pacientes pueden proveerles, si tienen suerte. Otros días pueden realizar las pruebas en media calle, sobre mesas improvisadas con barriles de agua, o cualquiera que sea el escenario que descubran al llegar. 

Nuestro día a día es de nunca acabar, puedo decir que esto es casi 24/7”, afirma Castillo.

Ella dice que realizar las pruebas es solo una parte de su trabajo de campo, otra es proteger la integridad de los posibles contagiados y sus propias identidades. 

Desde que salen del Ebais, usualmente los persiguen carros que intentan averiguar dónde viven los casos sospechosos, por lo que el vehículo de la Caja siempre debe dar vueltas adicionales para intentar despistar a los conductores. 

Esta vez los siguió uno. El conductor estaciona unos metros más adelante de la camioneta, saca su teléfono para aparentemente tomar fotografías, y luego de unos minutos decide retirarse. 

“Es como que nosotros llevamos una fiesta de luces encima de los carros”, dice la doctora.

En total, los funcionarios solo tienen programado realizar seis pruebas, todas en la misma vivienda. Los espera una silla plástica blanca para sentar a los pacientes y una mesa de desayunador limpia, donde colocan una hielera azul que cargará las pruebas hechas, más un compartimento plástico con la leyenda “Insumos COVID”. Esa es la oficina de hoy. 

La familia que vive en la casa reportó hace unos días que habían tenido contacto con un caso positivo de COVID-19 y desde entonces sentían síntomas de gripe. El Ministerio de Salud les indicó que no debían salir del hogar hasta que hagan la prueba y posteriormente obtengan los resultados.

La prueba, en teoría, debería durar unos 5 minutos por persona. Consiste en introducir un hisopo largo dentro de las paredes nasales y otro en las amígdalas, buscando células que indiquen si hay presencia del virus. 

Los hisopos son guardados en empaques previamente rotulados con el nombre del paciente y colocados en la hielera, que permanecerá cerrada hasta llegar al laboratorio.

Al salir, los funcionarios deben rociarse con alcohol en todo el cuerpo, meter la indumentaria descartada –que incinerarán luego– en unas bolsas rojas que dejaron en la acera de la casa, y nuevamente rociarse con alcohol. Es un proceso tan común, que lo hacen casi en automático, en silencio. Al regresar al Ebais, deben revisar que no haya ninguna prueba pendiente. Si es así, el proceso debe repetirse. 

En Nicoya, hasta el 1 de julio, hay 62 casos activos del virus. Aunque a grandes rasgos la situación está controlada bajo clusters detectados, el incremento de pruebas realizadas en todo el cantón ha cambiado la dinámica en el Área de Salud. 

Nicoya ante el COVID

De izquierda a derecha: el jefe del Área de Salud de Nicoya, Luis Carlos Villalobos, la jefa del equipo de Epidemiología en Nicoya, Sugeidy Castillo, y el coordinador de Vigilancia Epidemiológica de la región Chorotega, Bismarck Villegas. Crédito: César Arroyo

Antes de ir a ver el muestreo, conversamos dentro de la sala de vigilancia epidemiológica del Ebais en el centro de Nicoya con la doctora Castillo, el jefe del Área de Salud de Nicoya, Luis Carlos Villalobos, la jefa de las Áreas de Salud de la Caja, Giselle Guzmán, y el coordinador de Vigilancia Epidemiológica de la región Chorotega, Bismarck Villegas.

Los dirigentes han estado trabajando en conjunto desde las primeras horas de la mañana porque realizarán una gira epidemiológica en la zona, ya que en las últimas semanas Nicoya ha traído atención nacional por ser el cantón con más casos en todo Guanacaste.

Están sentados en un cuartito en el segundo piso del Ebais central del distrito, que antes parecía ser una sala de reuniones. Hay armarios metálicos rotulados como “Vigilancia epidemiológica”, y varios compartimientos plásticos que dicen “Insumos COVID”. Ahí, los equipos de muestras preparan todo lo que deben llevar para realizar las pruebas en el campo. 

Aquí pasamos más tiempo que en nuestras propias casas”, bromea el doctor Villalobos. 

Mientras el mundo entero quiere distanciarse completamente del COVID-19, los doctores viven expuestos al contagio. Están dedicados a examinar, rastrear e investigar una enfermedad que poco conocemos y traducirla a la realidad de la región. 

En la sala que estamos también hacen la vigilancia epidemiológica del cantón. Cada día analizan el comportamiento del virus y los factores que afectan las condiciones de salud de los pacientes positivos, para determinar así cuál es el estado real del COVID en Nicoya. 

 Así han podido concluir que el cantón no necesita una alerta naranja porque actualmente está dentro de una fase de contención, con todos los casos identificados y controlados en espacios de aislamiento. 

También pueden saber cuándo eventualmente la fase de contención en Nicoya cambiará a la de mitigación, donde deberán priorizar aquellos pacientes graves con factores de riesgo. 

Para el Área de Salud en Nicoya, dice Guzmán, la población con mayores riesgos ante el COVID son las personas de la tercera edad –mayores de 80 años– pues el cantón es zona azul. Ellos serían la prioridad si la situación llegara a agravarse.   

“Guanacaste es un reto de por sí”, alega el doctor Villegas. Parte de la labor de la vigilancia epidemiológica es entender las características sociales de la población. 

A diferencia de otras regiones, afirma, en la provincia el núcleo cercano familiar es de más de ocho personas y realizan sus actividades comunes alrededor de los adultos mayores. 

Es parte de la cultura guanacasteca que las abuelas tengan una importancia increíble, entonces nuestra labor es distanciar a estas familias para que no las contagien a ellas”, enfatiza Villegas.

A eso, la doctora Castillo agrega que otra de las particularidades es que parte de la población vive en lugares de difícil acceso. 

Relata que hace unas semanas, un equipo de muestras viajó hacia un distrito lejano y llegó un punto en el que ya no podían acceder con el vehículo. El paciente, entonces, tuvo que desplazarse en su motocicleta para toparlos y que le realizaran la prueba a mitad de una calle de tierra. 

Día a día, cuando vamos a muestrear, nunca sabemos qué nos vamos a encontrar”, cuenta la Dra. Castillo. 

“También somos personas”

Crédito: César Arroyo

A nivel nacional la Caja trabaja en conjunto con el Ministerio de Salud, que a su vez está colaborando con la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y las municipalidades correspondientes. Nicoya no es la excepción.

“Nunca había visto tanta unión. Es una comunicación, apoyo y respaldo constante. Saber que hay miles de personas trabajando por lo mismo me mantiene sana”, dice la doctora Guzmán.

A cuatro meses del inicio de la crisis, cuentan que tienen que recordarse los unos a los otros que siguen siendo personas, y no solo “aquellos en la primera línea de batalla”, como les dicen constantemente. 

Durante la conversación hacen bromas entre sí, recordando que los epidemiólogos también son cantantes, bailarines y les gustan las mejengas. Sin embargo, todo lo han tenido que cambiar por los laboratorios donde pasan, en los peores días, hasta 12 horas encerrados. 

La doctora Castillo, por su parte, relata que constantemente les sacan fotos a su equipo y las publican en redes sociales, donde reciben amenazas y comentarios despectivos. 

La gente no parece entender que nosotros también tenemos familias que nos esperan”, lamenta. 

Guzmán dice que por esa misma razón ella ha decidido limitar su uso de redes sociales. Como jefa de las Áreas de Salud, le ha tocado viajar a zonas fronterizas en las que ha visto, como ella describe, “comentarios llenos de odio e ira” hacia las poblaciones extranjeras. 

Es horrible ver que algunos no entienden que las personas son ante todo personas, y una persona enferma es una persona enferma, y con condición migratoria regular o no, igual lo vamos a atender”, afirma. 

El miedo de contagiar a un ser querido es un factor común entre todos ellos. Días antes de la visita, los equipos de muestras y los epidemiólogos en el laboratorio se hicieron pruebas a ellos mismos, por el contacto constante que han tenido con el virus en las últimas semanas. 

“Por dicha ninguno salió positivo y más bien impulsó a todos a trabajar más”, afirma Villalobos. 

Así es el compartimiento plástico que los equipos de respuesta rápida llevan a los domicilios de los pacientes. Crédito: César Arroyo

Conversamos por una hora y media, hasta que los funcionarios deben partir a tener más reuniones con otros trabajadores de la Caja y a llevarnos a ver la realización de las pruebas. Hablar de sus experiencias, dice el doctor Villalobos, ha sido terapéutico para trabajadores que en los últimos cuatro meses han funcionado en “automático”. 

Ese mismo 24 de junio, el ministro de Salud, Daniel Salas, recordó que el COVID-19 “no va a ningún lado pronto”. El trabajo constante es ahora la nueva normalidad para ellos.

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