Nicoya, Derechos Humanos

35 nicoyanas buscan romper barreras sociales y tecnológicas

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– La verdad es muy agradable compartir con ella los mismos talleres para poder salir adelante juntas.

– Siempre hemos estado de la mano apoyándonos, complementándonos. Lo que no sabe una lo sabe la otra.

Esto dijeron las hermanas Dalila y Magaly Obando el pasado nueve de febrero, luego de recibir su título de formación humana. Ellas dos forman parte de las 35 nicoyanas con discapacidad o cuidadoras que participaron del taller del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu).

El objetivo de la institución con este programa es atender a las mujeres en condición de pobreza del país y potenciar el crecimiento personal y colectivo a través de una formación integral. Así lo explicó la psicóloga del proyecto Avanzamos Mujeres en la Unidad Regional Chorotega del Inamu encargada de impartir el taller, Ana Laura Obregón.

“El producto final es un plan de vida, en el que a través de tres ejes estratégicos: la capacitación técnica, la educación formal y de proyectos productivos, ellas pueden establecer un plan que les permita mejorar su calidad de vida”, añadió.

Con esa hoja de vida como mapa, luego sigue un proceso de articulación donde el Inamu canaliza los intereses y necesidades de las mujeres a otras instituciones como el Ministerio de Educación Pública (MEP), el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) o el Ministerio de Trabajo para que ellas puedan seguir adelante con sus metas.

Magaly es regidora municipal, emprendedora y estudiante de ingeniería informática. Fuera del aula donde recibió su título, aseguró que el taller le ayudará a seguir empoderándose como mujer. Siempre a su lado, Dalila añadió que uno de sus aprendizajes más grandes es tener más claro qué es lo que quiere y cómo lo quiere obtener. 

…y siempre defender mis derechos como persona y como mujer con discapacidad”.

Bandas más anchas, brechas más cortas

La pandemia por coronavirus obligó a muchas personas a seguir estudiando y capacitándose desde sus casas y para estas mujeres no fue distinto.

Según Obregón, la posibilidad de ofrecer una capacitación de manera virtual a mujeres de zonas rurales es todo un hito. 

“Primero, por la acción afirmativa que representa trabajar con mujeres con discapacidad, poder incluirlas y romper esa brecha discriminatoria. Segundo, la brecha digital que es enorme para nosotras las mujeres, y el proceso permitió ir cerrando esa brecha”, añadió.

Un análisis realizado en 2017 por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (MICITT) afirma que 34,3% de los hogares jefeados por mujeres cuentan con acceso a una computadora en la Región Chorotega. La cifra sube a 39,3% cuando son liderados por hombres.

Género Discapacidad Derechos Humanos
Durante cuatro meses 35 nicoyanas trabajaron en crear un plan de vida que les permita lograr sus metas y al mismo tiempo exigir sus derechos.

Para atender esta realidad, el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) brinda un incentivo económico ligado a estos procesos de capacitación. Por ejemplo que las participantes pudieran tener saldo o un paquete de internet que les permitiera conectarse a los talleres, enviar sus trabajos y exponer.

Ahí también entra la participación de la Asociación de Personas Nicoyanas con Discapacidad (Asoniped) en el taller virtual. Una de sus tareas fue darle acompañamiento a las mujeres que no tenían las herramientas necesarias.

Ellas no tienen computadora, y si tienen no saben usarlas, entonces esa fue nuestra labor. Atendimos de 12 a 15 mujeres un día a la semana durante cuatro meses”, comentó la presidenta de la asociación, Patricia Ruíz. 

Para la psicóloga del Inamu, otra razón para venir a Asoniped fue la importancia de reunirse y estar juntas, pues ‘la asociación les brinda a ellas esa cobija de pertenencia’.

A pesar de los desafíos de la virtualidad, Obregón rescata aspectos positivos como el fortalecimiento de los núcleos familiares. Aunque la participante oficial era la mujer con discapacidad o cuidadora, el hecho de tener a su familia alrededor participando enriqueció la experiencia y el aprendizaje.

Otra barrera que la virtualidad puede saltarse, según Obregón, son los largos desplazamientos que exigen los cursos presenciales hasta las cabeceras de cantón. 

“Antes una mujer de Nandayure se venía todo el día a Nicoya para tener un proceso de cuatro horas”, comentó. 

Yo creo que la pandemia nos enseñó que hay que movernos a estas otras estrategias para poder seguir llegando a más personas, porque las deserciones que teníamos tenían que ver con esa necesidad de transporte. Ahora desde sus hogares pueden llevar el proceso y es algo que gestionan de mejor manera”. 

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