Derechos Humanos

A los dos nos toca

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Como cada jueves, Johnny Hernández, de 48 años, se levanta temprano para preparar el desayuno de sus hijos: Tania de 15 años y Sebastián de 13. Los lleva a clases en el puro centro de Nicoya y luego regresa a casa en Dulce Nombre, un pueblo ubicado en la cabecera de este cantón, para limpiar, lavar, hacer almuerzo y, si le queda tiempo o algo por reparar, trabajar un rato en el taller de mecánica que tiene junto a la casa.

Johnny trabaja esporádicamente en el taller de mecánica general que tiene en su casa. Foto: César Arroyo

Johnny alterna los quehaceres del hogar con trabajos esporádicos que llegan al taller de mecánica general que tiene en su casa. Su esposa Isela Martínez provee el sustento económico de la familia. Sale de su casa en Heredia a las 5:00 a .m. hacia el colegio donde trabaja como profesora de estudios sociales, también en una comunidad llamada Dulce Nombre, pero en el distrito de Vásquez de Coronado en San José.

Cada fin de semana, Isela viaja a Nicoya para estar con su familia. Así lo ha hecho en los últimos 10 años. Foto: César Arroyo

“A la hora que yo me tenga que venir a Guanacaste, lo hago”, dice Isela, quien desde hace 10 años viaja a Nicoya para estar con su familia durante los fines de semana. La familia tuvo que partirse cuando Tania era muy pequeña y sufría ataques de asma de forma recurrente, mínimo tres veces por semana. Su doctor les recomendó que lo mejor era mudarse a un clima más caliente después de que a Tania le aplicaran 13 mascarillas en un mismo día.

Desde que Tania (15) llegó al clima seco guanacasteco no volvió a padecer los ataques de asma que sufrió de niña. Es primer promedio de su clase y quiere ser veterinaria cuando sea grande. Foto: César Arroyo

Desde hace casi 10 años, Johnny se dedica a cuidar de ellos y de las tareas del hogar, mientras Isela trabaja en San José para cubrir los gastos y viaja para verlos todos los fines de semana. Cada jueves en la tarde, Isela toma el bus hasta su casa de madera en las afueras del centro de Nicoya, rodeada de potreros secos, de ganado flaco y campos largos de melón y sandía.

Aunque Johnny no tiene tanto tiempo para trabajar en mecánica como quisiera, no se siente frustrado o menos realizado por dedicarse de lleno a las tareas de la casa.

“Aquí todo es parejo y trabajamos militarmente”, afirma Johnny, pues todos los quehaceres de la casa se los reparten entre los tres. Algo con lo que Tania está de acuerdo, pues piensa que el machismo se manifiesta en casa cuando estas obligaciones “no son equitativas y recaen sobre una sola persona”.

Sebastián (13) tiene las mismas tareas que Tania (15) en la casa. Ambos saben que estas obligaciones son de los dos y no deben recaer en una sola persona. Foto: César Arroyo

El especialista en equidad de género y nuevas masculinidades, Andrés Valenciano, explica que si los niños y las niñas se despegan de estos roles de género desde pequeños, cuando sean grandes les será más natural asumir esa equidad.

“Al hombre se le encasilló en que existe una sola forma a de vivir la masculinidad: como macho alfa, que no llora y no puede expresar sus sentimientos”, dice Valenciano.

“Mi mamá siempre me decía: vengan y aprendan a planchar porque si mañana andan arrugados, no es por culpa de la mujer, es por culpa de ustedes”, cuenta Johnny entre risas mientras cocina un arroz con pollo.

Un día, un vecino llamó a Johnny “vago” por ir a las reuniones del colegio, y en otra ocasión le dijeron que sus hijos iban a morirse de hambre. Pero él no le da importancia a eso y se lo toma con el buen humor que lo caracteriza.

Cuando Johnny no tiene carros en el taller, trabaja con ganado en la finca que tiene junto a su casa, o cuida de su yegua Duquesa. Foto: César Arroyo

Valenciano apunta que muchos hombres tienen dudas sobre cómo ejercer esa masculinidad diferente a la tradicional por lo que es necesario generar espacios en los que puedan expresar y trabajar esos miedos. Además afirma que los hombres también se benefician de la equidad, no solamente las mujeres.

Isela Martínez revisa exámenes en su casa en barrio Mercedes Sur de Heredia, donde vive entre semana. Foto: César Arroyo

Quizás por eso Johnny se siente tan satisfecho como hombre y como padre de familia, tanto con una llave francesa en su mano como con una escoba en la otra. Su única falla, según Isela, es que nunca logró peinar a Tania.

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