Regional, Comunidad

Así es como un lechero nicoyano empieza a prepararse para el próximo verano

This post is also available in: English

Las primeras lluvias del año ya empezaron a pintar de verde el paisaje que el verano dejó seco. Para muchos ganaderos significa volver a tener pasto para alimentar las vacas a las que se les pintan las costilla. Para el lechero nicoyano, Rolando Rodríguez, significa más que eso: con las lluvias, también inicia el proceso que le dará comida a sus 40 cabezas de ganado el próximo verano.

“Desarrollamos una actividad en una zona que climáticamente no es la más apta”, dice. “Eso hay que solucionarlo de alguna forma porque las tierras no pueden dejar de ser productivas y no podemos dejar de generar empleos y riqueza”.

Aproximadamente un 90% de los productores de la provincia no tiene un sistema de riego o tecnología para superar las crisis de sequía, según cálculos del director regional del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) Óscar Vázquez. Rodríguez forma parte del otro 10%.

En su finca de 15 hectáreas en el centro de Nicoya, dedica cinco para pastorear el ganado y las diez restantes para producir y guardar comida para el verano.

Prepararse desde ya es lo que recomienda el docente e investigador del Centro de Investigaciones en Nutrición Animal (CINA) de la Universidad de Costa Rica (UCR), Luis Alonso Villalobos.

Un productor que quiera guardar alimento para la época seca, en este momento tiene que empezar a planear qué es lo que va a sembrar para guardarlo”, explica.

Rodríguez lo hace con una combinación del pastoreo racional (que divide la finca en secciones para dedicar gran parte a la cosecha y para que el ganado entre solo a algunos lugares) y del ensilaje, la técnica de conservación de comida que emplea en la época lluviosa.

«El pastoreo racional para mí es el inicio de la preparación para cualquier verano. Con eso se logra dejar libre la mayor cantidad de áreas para que esas sean las que dan la comida que se cosecha para verano”, dice Rodríguez, de 30 años.

 

De esa forma, este ganadero optimiza el espacio para que las vacas utilicen solo lo necesario.

La otra gran parte se utiliza para la cosecha a través del ensilaje, que es un proceso de bajo costo que puede utilizarse con el pasto, pero también con otros productos como el maíz, la piña, el banano o la caña de azúcar. Rolando lo implementa así: el producto se corta, se tira en una fosa o al suelo, se maja con un chapulín para sacarle el aire y posteriormente se sella con un plástico negro.

Invertir para ganar

La gente viene acostumbrada a que en el verano ven cómo se la juegan porque piensan que guardar comida es caro, pero en realidad lo caro es que a usted se le mueran los animales”, argumenta Rodríguez. “Yo creo que el problema no es el clima, es la mentalidad”.

Lo primero es invertir en un buen proceso para la siembra: buenas semillas y buen abono. “Yo he cambiado mucho los pastos a pastos mejorados para que den mejores resultados nutricionales”, explica.

Después, durante la época lluviosa (de mayo a noviembre), la finca de Rodríguez dedica gran parte de sus esfuerzos al ensilaje. Cada 30 o 35 días corta el pasto para producir las conservas de comida. Eso quiere decir que logra, aproximadamente, siete procesos de ensilaje en la época lluviosa del año.

El pasto se apiña en una superficie plana y se cubre con plástico. Foto: César Arroyo Castro

Algo importante es que, una vez que inicia el proceso para apilar el pasto, no pueden pasar más de 48 horas para taparlo con el plástico. Los ganaderos pueden agregarle bacterias lactobacilos para optimizar la fermentación del pasto, pero aún sin eso el ensilaje es efectivo. Además, la calidad de los ensilajes depende de que el pasto sea picado finamente y de que no le entre humedad una vez sellado.

70 días después de sellado, las reservas de silo pueden utilizarse para alimentar el ganado o guardarse para cuando lo requiera. Por eso es importante, según Rodríguez, prepararse desde que empiezan a caer las primeras lluvias.

Este ganadero ya tiene dos chapulines y una máquina para cortar y picar el pasto. Hacer este proceso para producir y conservar la comida para el verano le cuesta unos ¢10 por kilo. “Y yo más o menos consumo 1.000 kilos diarios, entonces son ¢10.000 al día, que para 40-50 vacas no es nada”, considera. Es decir, lo que invierte en comida para todas sus vacas durante el verano, es equivalente al costo de una sola.

Según su experiencia, hay dos factores que complican el proceso pero que pueden controlarse. El primero es el económico. “Venís mal del verano y además lo que te dicen es que invirtás plata”, cuenta. El segundo tiene que ver con el clima. “Ocupás hacer un proceso en una ventana de tiempo muy corta”, dice.

Asesórese

Los investigadores de la UCR, Luis Villalobos, Rodolfo Wing y José Arce realizaron en el 2010 un estudio para estimar los costos de producción de ensilajes de pastos.

Para ello, analizaron el proceso de 31 fincas lecheras en Guanacaste, Cartago y Alajuela, tomando en cuenta el ciclo del cultivo, la especie de forraje, los insumos utilizados y el tipo de estructura para almacenarlo.

Eso dio pie para hacer una hoja de Excel con la que un productor puede estimar los costos de implementar el ensilaje en su finca. El único requisito, según Villalobos, es que el productor lleve registro de las características de su producción, por ejemplo, el tipo de siembra que hace, el tipo de fertilizantes que utiliza, qué método implementaría para guardar el material (bolsas plásticas o silos).

«Esta es una tecnología muy útil que puede adaptarse a fincas pequeñas y a grandes”, dice Villalobos. “Además es necesaria para las condiciones de Guanacaste. Quien no guarde alimento, pone en juego su operación”.

Si le interesa aplicar esta técnica, o tener asesorías por parte del CINA, puede contactar al Dr. Luis Villalobos al correo luis.villalobosvillalobos@ucr.ac.cr o al 2511-3573.

No se pierda las últimas noticias de Guanacaste.

Suscríbase a nuestro boletín

Comentarios