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Así inicia la tendencia del coworking en Guanacaste

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Lea Morillon es de Francia y es periodista independiente. Llegó a Sámara, Guanacaste, y se encontró con que no existía en la comunidad un lugar para trabajar sin que eso significara tener que abrir su propia oficina o hacerlo en su casa.

Entre cafés y restaurantes, sin buena conexión a Internet y con el ruido de todos los comensales, Morillon ideó LocoWorking —un lugar casi al frente del mar— para que otros trabajadores como ella pudieran hacer sus labores en un ambiente diseñado exclusivamente para eso.

En dos meses, tiene cinco clientes fijos que pagan mensualmente (la mayoría) por trabajar en el lugar. La cifra es buena para la propietaria, quien asegura que el aire acondicionado, la conexión a Internet de alta velocidad y té y café gratis, son los mejores atractivos del lugar.

Hoy tenemos espacio para recibir 20 personas. Nos vemos a futuro creciendo porque Guanacaste es un punto ideal para esto”, dice la propietaria.

A esos lugares de trabajo compartido se les llaman oficinas de coworking.  En Guanacaste, la oferta es incipiente y apenas aparecen unos cinco lugares en el buscador de Google al teclear “coworking Guanacaste”, pero todo apunta a que la provincia tiene una característica ideal para que este tipo de espacios proliferen con éxito: la playa.

Ana Cirujano, diseñadora visual y bloguera, define esta tendencia como workation, término que procede de unir las palabras en inglés work (trabajo) + vacation (vacaciones).

“Esta palabra está de moda desde hace algún tiempo en Estados Unidos. En lugar de trabajar siempre en la misma oficina, estar en workation te permite trabajar en lugares que habitualmente son destinos vacacionales”, define Cirujano.

“De esta manera, puedes compaginar tu tiempo de ocio con tu jornada laboral en tu lugar favorito”, agrega.

Según las más recientes estadísticas difundidas por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), la provincia es un destino de playa reconocido a nivel nacional e internacional. Solo en marzo del 2019, el aeropuerto internacional Daniel Oduber, en Liberia, reportó la visita de 166.240 personas. La cifra más alta desde el 2012 y un 12% más de pasajeros que un año antes (en marzo del 2018).

El ICT no mide la tendencia de cuántas personas visitan el país exclusivamente para hacer coworking, pero las reuniones de negocio y encuentros profesionales son el tercer motivo de las personas que ingresan al país por Liberia. Solo por debajo de las vacaciones y las visitas familiares.

A nivel nacional, un mapeo del mercado realizado por la firma Cushman & Wakefield identificó entre 35 y 40 oficinas de coworking a nivel nacional, la mayoría ubicadas en el Gran Área Metropolitana. También se establecieron otros —no se tienen cifras precisas— en zonas de Guanacaste como Tamarindo, Nosara y Sámara.

Lizzy Contreras, representante de Comunicaciones en Costa Rica para la cadena de hoteles y hostales Selina, respalda lo señalado por la bloguera Cirujano. Para ella, muchos trabajadores nómadas buscan destinos turísticos como Costa Rica para combinar descanso con trabajo.

En Guanacaste, la cadena tiene un hotel en Tamarindo y otro en Nosara, donde tienen un espacio de coworking.

Las personas quieren más flexibilidad en su trabajo y también quieren conocer al mundo sin sacrificar su fuente de ingreso. Prefieren consumir nuestro producto [los coworking de Selina] que arriesgarse a estar en un lobby de un hotel con mala conectividad”, comentó la representante.

Gente y espacio

El analista senior de la firma de asesoría y consultoría Cushman & Wakefield | AB Advisory, que monitorea las bienes raíces corporativas en Centroamérica, José Ignacio González, explicó que el espectro de quienes hacen uso de estos espacios es muy amplio, pero que tienen en común una cosa: “gente que quiere hacer su trabajo no importa donde esté”.

Esa caracterización de los usuarios de los coworking, según González, evidencia una cultura del trabajo flexible que está cada vez más presente en las empresas.

Hay un tema de atracción y retención del talento que se ha convertido en la prioridad número uno de las empresas. El tema de tener contentos a los empleados y tenerlos motivados es prioridad”, asegura.

En Costa Rica, ni el ICT ni otras instituciones tienen información precisa sobre quiénes son los que visitan estos lugares. En el caso de Selina en Nosara, los principales usuarios del coworking en la costa son trabajadores nómadas y digitales, así como trabajadores remotos o freelancer. La mayoría son huéspedes, y otros, vecinos del distrito.

En Sámara, por ejemplo, los usuarios de LocoWorking son un 80% extranjeros. “La mayoría de personas son de Estados Unidos, que llegan de vacaciones y trabajan”, dijo Morillon.

Este tipo de oficinas también están en una amplia diversidad de formatos, modalidades de uso y membresías. Es decir, no hay nada estandarizado.  Sin embargo, sí hay algunas características que comparten entre sí, por ejemplo, cuentan con largos escritorios para trabajar, oficinas privadas, salas de reuniones y espacios para hacer llamadas.

LocoWorking, en Sámara, como el resto de coworking, tienen precios por hora que arrancan desde los $5 hasta paquetes especiales por mes, con precios que rondan los $200.

Ideas compartidas

Morillón aseguró que una de las principales razones que también la motivó a abrir su local en Sámara era crear un espacio para encontrarse con la comunidad de trabajadores digitales de la zona y compartir ideas.

Para González, estos espacios se convierten casi en incubadoras de empresas.

Yo arquitecto, que trabajo en un espacio de estos tres veces por semana, me topo con vos contadora que trabajás ahí dos veces por semana y entonces me ofrecés llevarme la contabilidad. Ahí hay un beneficio mutuo”, comentó.

La dinamización que los lugares aportan a la economía de la provincia es otro beneficio. Es decir,  las personas que están en un coworking terminan por convertirse en usuarios de hoteles, restaurantes y otros servicios de la comunidad.

No hay forma de predecir el futuro, pero la tendencia a que cada vez existan más trabajadores remotos y la aparición de nuevos espacios a nivel nacional e internacional dan para pensar que los lugares de trabajo compartido seguirán un crecimiento ascendente.

“Cada Selina que abre en el mundo —más de 40— tiene espacio de cowork, el tamaño varía según la locación, pero es una realidad”, dijo Contreras.

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