Salud

Clínica gratuita llena vacío de atención sicológica y medicina preventiva para menores de edad en Carrillo

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Un niño abusado sexualmente por otro compañero del kinder. Una joven que faltaba al colegio por una depresión que le invadía la cabeza de pensamientos suicidas. Un chico que con solo cuatro años estaba viendo pornografía en el celular de sus papás.

Estos son solo tres de los múltiples casos que todos los días atiende una clínica en Comunidad de Carrillo.

Hace siete años, esta clínica abrió para darle atención gratuita en medicina preventiva y psicológica a la población más indefensa del cantón: niños, niñas y jóvenes.

En Guanacaste solo hay diez profesionales en psicología distribuidos en los principales centros de salud estatales, según el director regional de servicios de salud, Warner Picado. Diez especialistas para más de 380.000 personas que habitan en la provincia, cuando lo ideal, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), serían 38, uno por cada 10.000 habitantes. Ninguno de ellos está únicamente enfocado en niñez y los privados, para muchos, son económicamente inaccesibles.

Yo no podría pagar uno privado”, nos dice Damaris Sánchez, mamá de unas niñas pacientes de la clínica.

Su realidad no es aislada. Según las funcionarias, la mayoría de familias que reciben son de escasos recursos.

La doctora Chavarría lo describe así: “Son personas con una vulnerabilidad económica, pero además también es una población que no se defiende por ellos mismos, que dependen de papá, de mamá y de otra gente”.

Las estadísticas del primer semestre de este 2018 tienen alarmadas a las funcionarias. Los pacientes están presentando cuadros de automutilación, sexualidad precoz y abuso sexual.

Esta especialista es una de las dos doctoras que trabajan en Creciendo Juntos, un centro médico pequeño con un espacio de recepción y dos consultorios. En uno, la doctora Mariam Méndez hace chequeos de medicina general y en el otro, Chavarría da atención psicológica.

La psicóloga utiliza instrumentos de biofeedback para medir el ritmo cardiaco de los niños y así ayudarlos a superar temores. Recientemente la clínica ha detectado casos de traumas por inundaciones en las comunidades de Carrillo. Foto: César Arroyo

El consultorio incita a las familias del cantón a asistir al médico para prevenir enfermedades y no solo cuando ya hay síntomas de ellas.

«El ‘control niño sano’ es un chequeo periódico durante el primer año de vida del niño. Y, por lo general, ya después de ahí las mamás casi que no lo llevan a consultar, solo cuando tiene algo y lo llevan a emergencias. Aquí motivamos a las familias a estarlo viendo cada cuatro o tres meses. Así vamos detectando patologías”, explica la doctora Méndez.

La mayor inquietud de las doctoras es que si el centro no existiera, ¿quién les daría la atención que ellas les dan?

Alianzas, la fórmula del éxito

La clínica pertenece a la Asociación Creciendo Juntos, una organización comunal que nació en el 2001 como un programa de responsabilidad social de la empresa Ecodesarrollo Papagayo para apoyar a los centros educativos de las comunidades cercanas a ellos. Para eso, tiene una alianza con el Ministerio de Educación Pública,

22.000niños, niñas y adolescentes atendidos en siete años
 

En el 2013, la asociación se convirtió en una organización sin fines de lucro. Su independencia resultó de la necesidad de buscar otras formas de financiar sus proyectos, que poco a poco iban siendo menos desde que la crisis del 2008 en Estados Unidos obligó a Ecodesarrollo a reducir el presupuesto de la asociación.

Nunca estuvo en el pensamiento de Península cerrar Creciendo Juntos, pero sí nos bajaron el presupuesto”, cuenta Elsa Bonilla, la directora de la asociación.

Ese modelo les permite hoy recibir donaciones de organizaciones, empresas y personas particulares. Papagayo sigue siendo su principal inversor, aunque también reciben de fundaciones como Crusa y Amigos de Guanacaste, e incluso apoyo en otras áreas por parte de empresas como otras empresas como la Central Azucarera del Tempisque.

En el 2011, la asociación se alió con la ONG internacional, Children Without Borders (Niños sin fronteras) para fundar la clínica en la que hoy atienden a las hijas de Damaris Sánchez.

Con este centro de salud, solucionaron dos problemas que tenía la comunidad: Primero, en el cantón había un consultorio de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) que abría solo una vez al mes, por lo que la clínica no estaba aprovechándose al máximo. Segundo, la mayoría de los centros educativos que apoya la asociación no tienen psicólogos ni orientadores para los estudiantes.

A través de la alianza, la Caja provee la infraestructura, medicinas, exámenes de laboratorio y que las doctoras pueden referenciar a los pacientes a otros especialistas del sector público de salud. La asociación asume los costos de operación de la clínica, desde el pago de servicios hasta el salario de las doctoras.

En una mañana de setiembre, Damaris Sánchez trajo a sus hijas Youshelin (izquierda) y Yausing (derecha) a la consulta psicológica. Ambas reciben terapias para superar el duelo por la muerte de un ser querido. Foto: César Arroyo

En muchas ocasiones, son los mismos docentes y directores los que detectan comportamientos en los estudiantes y los refieren a Creciendo Juntos.

La tarea no es fácil. Según Bonilla, el reto de siempre es recolectar todo el dinero para la marcha de la asociación. La clínica, por ejemplo, les cuesta anualmente unos ₡24 millones ($40,000).

En el 2015, Children Without Borders terminó la alianza con la asociación y para ellos fue difícil asumir los costos por sí solos. La clínica tuvo que cerrar por tres meses y luego abrir sin atención psicológica.

Casi nos morimos todos del susto. Cerramos la clínica tres meses, hasta que un señor, huésped de Hotel Four Seasons, nos dijo que él nos daba los recursos para seis meses”, relata Bonilla, y agrega que ya volvieron al funcionamiento normal.

Aquí no se hace fila

Las dos bancas en la recepción casi siempre están vacías. Las citas están programadas de tal manera que no haya saturación del servicio. Además, en una de las paredes un papel advierte que toda cita se reprograma después de 10 minutos de tardía.

Una señora sentada en una de ellas dice que eso es lo que hace a este lugar especial: “cuando uno viene, no tiene que hacer fila”.

Esto ha hecho que, en su mayoría, los pacientes sean puntuales, que la gente se sienta a gusto con la atención y que las doctoras cumplan atendiendo a la cantidad de personas que prevén cada día.

Por semestre, atienden a cerca de 3.000 personas, entre recién nacidos y jóvenes de 18 años. Además, llevan las estadísticas de los diagnósticos que hacen: sobrepeso e infección en las vías respiratorias son las más comunes en medicina general y en psicología son la ansiedad, el bullying y el abandono por parte de sus familiares.

Hacer esos análisis les permite saber los temas que deben tomar en cuenta para los brochures y charlas que llevan a los centros educativos una vez al mes. Las próximas, dicen, tendrán que ver con sexualidad y suicidio, los casos que las tienen más alarmadas.

 

*Dos párrafos de este artículo fueron suprimidos el sábado 13 de octubre para guardar la privacidad de uno de los pacientes y a petición de la Asociación Creciendo Juntos.

 

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