Turismo, COVID-19

COVID-19 desnuda trabajo informal en la costa de Guanacaste

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María Bonilla decidió irse de Guanacaste después de buscar trabajo sin éxito durante un año en las playas Potrero, Conchal, Panamá y Brasilito. 

En Guanacaste los empresarios de turismo prefieren contratar a extranjeros de forma informal para ahorrarse el seguro y las garantías laborales”, dice Bonilla.

Ninguna institución del país tiene la capacidad de ver lo que vio Bonilla: ni el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), ni el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), ni el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) tienen en sus radares la informalidad laboral en el turismo, mucho menos la que sufren los extranjeros.

Antes de que llegara el COVID-19 a nuestro país, el turismo producía el 19% de los empleos en Guanacaste, según datos del primer trimestre del 2020 del INEC. La pandemia, como era de esperarse, paralizó la principal actividad económica de la provincia.

La Cámara Nacional de Turismo (Canatur) la llama la “temporada cero” y la Cámara Costarricense de Hoteles (CCH) manifestó en un comunicado de prensa que “el sector hotelero no aguanta más” y prevé cierres totales de las empresas y despidos masivos en el futuro próximo.

Tampoco las estadísticas son alentadoras: el 16% de los hoteles y restaurantes redujeron su personal y al 52% de los trabajadores se les suspendió temporalmente el contrato durante el COVID-19, según la Encuesta de Desempeño y Perspectiva Empresarial del Banco Central de Costa Rica realizada en abril del 2020.

La Voz de Guanacaste, junto a la Asociación de Periodismo Punto y Aparte, fue a Tamarindo en diciembre a buscar testimonios de extranjeros que operan en la informalidad dentro del sector turismo.

Escogimos Tamarindo porque es el Centro de Desarrollo Turístico (CDT) de Guanacaste con más empresas de hospedaje [115] y habitaciones [2010] registradas en el ICT.

Las personas que entrevistamos aceptaron contarnos su experiencia con la condición de no revelar su identidad para no poner en riesgo sus trabajos. Algunas entrevistas se realizaron antes del COVID-19, pero actualizamos la investigación porque consideramos que es importante comprender las condiciones laborales de los trabajadores dentro del principal sector económico de nuestra provincia. 

¿Voluntariado o precarización laboral?

 

Círculo vicioso: hay una competencia desleal entre los negocios que cuentan con «voluntarios» y los que contratan formalmente a sus trabajadores, recalca el abogado laborista Fernando Bolaños.

Alejandro* es venezolano y trabaja hace siete meses en Tamarindo. Llegó al país como turista y un amigo le habló de un hostal que buscaba “voluntarios”.

Con “voluntarios” su amigo se refería a trabajar de recepcionista entre 14 y 16 horas semanales, sin salario, sin seguro social ni ningún tipo de garantía laboral, y sin la necesidad de un permiso de trabajo; a cambio únicamente de hospedaje y una comisión del 10% de los tours que lograra vender.

Antes del COVID-19, el hostal tenía cinco trabajadores dentro de esta modalidad, pero cuatro de ellos regresaron a su país cuando el Ministerio de Salud anunció el cierre de las playas en marzo de este año.

Aunque actualmente el hostal se mantiene cerrado, Alejandro quedó como encargado de la limpieza del lugar y vive de sus ahorros mientras espera que el turismo se reactive.

Miguel* vive en Tamarindo hace un año y medio y, al igual que Alejandro, está en Costa Rica en condición de turista. 

A mí me ha ido bien en el voluntariado. Pero hay casos de casos. A una amiga la ponían a trabajar volando pala y pintando el hostal a cambio únicamente de un espacio para que pusiera una tienda de campaña”, cuenta.

Según Miguel, la mayoría de hostales de la zona contaban con extranjeros trabajando a cambio de hospedaje. Él identifica dos perfiles de trabajadores: los  turistas que están de viaje y se quieren ahorrar el hospedaje, y los que vinieron a Costa Rica por necesidad y no les alcanza para pagar el alquiler de un apartamento.

Estos últimos deben buscar otros trabajos para pagar su alimentación y gastos personales.

Ese fue su caso. Miguel llegó a tener hasta cuatro trabajos informales: en las mañanas atendía el hostal, en las tardes trabajaba en una soda, en la noche atendía un bar, y al salir vendía hamburguesas en las afueras de los sitios turísticos. 

El grupo de trabajadores que vino a Guanacaste en busca de empleo son los que más están sufriendo la situación actual del turismo, según el investigador especializado en turismo y coordinador del blog sobre turismo responsable Alba Sud, Ernest Cañada.

Ambos revelan estrategias de abaratamiento de costos por parte de los empleadores […] El turista que está viajando de alguna manera va a regresar a su país. El problema va a ser con el migrante económico que es el que va a quedar mal y va a engrosar los problemas del país [de desempleo]”, explicó Cañada. 

Para el docente de derecho laboral de la Universidad Técnica Nacional (UTN), Jimmy Álvarez, esta dinámica es una forma moderna de maquillar la precarización laboral.

Además, Álvarez considera que dar hospedaje a cambio de trabajo es equivalente al pago en especie [cuando la remuneración principal no es dinero] y esto la convierte en ilegal.

“Existe el pago de especie pero siempre tiene que existir una remuneración de dinero. Un trabajador puede tener acceso a una comida [o a hospedaje] como parte de la relación de trabajo, pero el principal ingreso debe ser monetario”, explicó Álvarez basado en el artículo 165 del Código de Trabajo.

Esta es una práctica común en Guanacaste y en distintos destinos alrededor del mundo. Existen aplicaciones como Workaway y Worldpackers que ofrecen un catálogo de opciones para que los turistas trabajen bajo esta modalidad. 

Durante la pandemia, estas aplicaciones siguen activas pese a que actualmente las fronteras de Costa Rica están cerradas. 

La Voz de Guanacaste revisó Workaway y encontró 70 opciones en distintas playas como Tamarindo, Carrillo, El Coco, San Juanillo, Coyote y Sámara, entre otras.

Un hostal en Tamarindo indica en su perfil que, debido al COVID-19, únicamente reciben voluntarios que se encuentren en territorio costarricense, pero señala que volverá a recibir a extranjeros cuando Costa Rica reabra sus fronteras.

Otra de las opciones que aparecen es un hostal en Sámara que busca un misceláneo encargado en construcción. Su jornada es entre cuatro y cinco horas al día durante cinco días a la semana. A cambio ofrecen una cama, desayuno y cena. 

Javier De Mezerville es costarricense y dueño de dos hoteles en Playa Grande. Ambos se encuentran cerrados temporalmente por la pandemia, pero según Mezerville, volverá a reclutar voluntarios una vez que el turismo se reactive en la zona.

Contar con voluntarios para nosotros ha sido un ganar-ganar. Son de gran ayuda porque al ser hoteles pequeños vos no podés estar contratando empleados para todos los puestos que se necesitan […] Yo diría que los hoteles no dependemos del voluntariado, pero sí ayudan bastante”, comentó De Mezerville. 

Para él, contar con voluntarios tiene varias ventajas: mejoran el servicio al cliente porque generalmente son bilingües, aumentan las visitas porque recomiendan el hotel a sus conocidos y ayudan a sobrellevar las temporadas bajas en donde la cantidad de clientes disminuye

El abogado laborista Fernando Bolaños asegura que estas formas de trabajo, aunque no estén reguladas, también ponen en riesgo al empleador. 

“Si ellos quieren [los voluntarios] pueden interponer una demanda. Ahí no va a tener valor que el empleador diga que era un voluntario, que había un acuerdo de trabajar a cambio de hospedaje… eso no va a valer de nada. Si varios voluntarios se ponen de acuerdo y ponen una demanda en conjunto, el asunto puede volverse grande y serio para el empleador”, explicó Bolaños.

Más allá del voluntariado

 

La vulnerabilidad de los que migran en búsqueda de trabajo aumenta en los trabajos informales y pasan desapercibidos del radar de las autoridades.

Jéssica* es nicaragüense y huyó a Costa Rica luego de darse cuenta de que estaba siendo perseguida por el gobierno del presidente Daniel Ortega.

Consiguió trabajo tiempo completo como anfitriona en un restaurante de Tamarindo. Ahí trabajó varios meses pero nunca firmó un contrato. No recibió el salario mínimo ni pudo asistir al seguro social cuando se enfermó.

Me enfermé tres veces y lo que tuve que hacer fue escribirle por Twitter a doctores que también están en el exilio para que me orientaran y me dijeran qué podía tomar y diay, trabajar enferma», relató.  

«Cuando yo decía algo la jefa me decía que yo no podía reclamar nada porque yo era ilegal”, agregó.

Aunque Jéssica es nicaragüense, en las playas también es común ver trabajadores italianos, estadounidenses, uruguayos, venezolanos, argentinos…

Rodrigo* es costarricense y tiene un año y medio de trabajar como comunicador en un hotel. Desde que llegó a Tamarindo, notó que los lugares a los que iba eran atendidos por personas extranjeras que “trabajan ahí y al poco tiempo se van”.

“Yo he conocido personas que vienen en temporada alta y trabajan sin permiso laboral. Esta dinámica les sirve a las dos partes entre comillas: quien trabaja, consigue algo de dinero para poder seguir viajando, y la empresa se aprovecha y no paga seguros ni garantías”, contó Rodrigo.

A Rodrigo también le llamó la atención que “estas contrataciones son súper sexistas, porque generalmente son extranjeras simpáticas y bonitas”, dijo.

La vulnerabilidad del modelo de desarrollo económico por el que apuesta Guanacaste queda al descubierto con la pandemia, señaló el investigador Cañada. 

Es un desarrollo suicida en el que el país lleva todas las de perder: permitir que un sector tan importante para un país, como el turismo, se esté fundamentando en el trabajo informal, en la mala calidad del empleo, en formas de empleo atípicas, quiere decir que las bases en las que estás apostando tu desarrollo económico son muy débiles”, comentó.

El abogado Bolaños considera que después del coronavirus, estas dinámicas de contratación aumentarán la crisis de empleo que atraviesa el turismo.

Me parece serio que, ante la crisis de desempleo que nos va a dejar el COVID-19, tengamos además que soportar un esquema de contratación de trabajo informal en donde va a venir gente a ofrecer su mano de obra en condiciones inferiores. Esto puede agravar el desempleo”, dijo Bolaños.

Tanto Bolaños como Cañada coinciden en que es importante que se atiendan estas contrataciones informales porque, de lo contrario, se estaría promoviendo la competencia desleal con los negocios que quieren tener a sus trabajadores dentro de la formalidad.

Fuera del radar de las autoridades

Miguel se anima y calcula que antes del COVID-19, un 70% de los trabajadores en Tamarindo eran extranjeros que estaban en la informalidad. Rodrigo calcula una cifra similar y considera que es el 60%.

Es imposible saber si tienen razón porque las dinámicas informales de trabajo en el turismo están fuera de los radares de la Dirección General de Migración y Extranjería, del MTSS y del ICT.

Debido al COVID-19, el ICT presentó una hoja de ruta para reactivar el turismo: entre sus pilares está el tema de la generación de empleo, pero en ninguno de sus objetivos aborda la informalidad dentro del sector.

El director del área de desarrollo turístico del ICT, Rodolfo Lizano, explicó que se les dificulta conocer las dinámicas laborales porque en Costa Rica los sitios de hospedaje no tienen la obligación de registrarse ante la institución. 

“Aparte de los lugares que se registran voluntariamente […] no tenemos manera de saber ni cuántas son ni dónde están. Eso genera una complicación a la hora de estimar el empleo en esas empresas”, explicó Lizano, y enfatizó en que es al MTSS y a la Dirección General de Migración y Extranjería a quienes corresponde regular los temas de empleo.

El MTSS indicó en varias ocasiones a este medio que no hay información de una población tan específica como la extranjera contratada de manera informal dentro del sector turístico.

La Gestora Regional Policial de Migración, Johanna Rodríguez, admite que poco puede hacer la institución para atender la informalidad laboral porque, según ella, la institución necesitaría el triple de policías.

[Actualmente] las mismas personas que tengo en puestos de control son las que tienen que poner denuncias y que darle seguimiento a las inspecciones. Para usted [periodista] fue fácil [encontrar casos] porque no es policía. Cuando se despliega un grupo policial hay personas irresponsables que se encargan de dar aviso [a otras zonas]; incluso a veces es la misma policía”, dijo Rodríguez.

Los mismos negocios y trabajadores cuentan con grupos de WhatsApp para pasar desapercibidos y evadir la presencia del MTSS y de Migración, según relataron María Bonilla y varios extranjeros que prefirieron mantenerse en el anonimato. 

“Incluso yo vi busetas que llevaban a los trabajadores a Nicaragua porque se les vencía el permiso de turista. Lo que hacen es que pasan 15 minutos allá y regresan al país con la visa renovada para seguir trabajando en la informalidad”, cuenta Bonilla.

*El nombre es ficticio a petición del entrevistado.

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