Regional, COVID-19

Educación a distancia retrata a una Guanacaste desigual

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El día que a la profesora Yessenia Padilla le falló la impresora, se le trastornó toda la dinámica estudiantil. Desde hace más de dos meses, imprime el material de repaso para los 14 estudiantes de la escuela unidocente Bellavista en Nandayure, pero ese día tuvo que enviarle las prácticas por WhatsApp a los papás. Entre la pésima señal de Internet y el poco manejo de la tecnología de algunos padres, la jornada terminó siendo frustrante. 

A unos 50km de ahí, en la costa de Sámara, José Manuel Carrillo comparte la misma frustración que Yessenia. Tiene 17 años y un plan de internet en el teléfono “muy lento”, pero es todo con lo que cuenta para recibir las clases y seguir aprendiendo. Cree que con solo tener una computadora todo sería más fácil. 

Yessenia y José Manuel no se conocen, pero sufren la misma desigualdad de un sistema que se transformó desde el 16 de marzo del 2020, cuando el Ministerio de Educación Pública (MEP) suspendió lecciones en todos los centros educativos públicos y privados del país y anunció que el curso lectivo continuaría a la distancia hasta el 13 abril. Esa fecha se fue estirando indefinidamente.

Todos los educadores y estudiantes consultados para este reportaje coinciden en que el sistema educativo actual está estructurado para aprender presencialmente, y un cambio abrupto como el que estamos viviendo ralentiza ese aprendizaje. 

Según la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) de julio del 2019, casi seis de cada 10 viviendas en zonas urbanas cuentan con internet fijo, pero en zonas rurales son solo cuatro de cada 10.

La jerarca del MEP aseguró que la estrategia de educación a distancia contemplaba la entrega de material de apoyo, como fotocopias, a los estudiantes. “No estamos hablando de clases virtuales. No es virtual”, insistió Cruz.

“Cada docente se comunicará con sus estudiantes desde las diferentes opciones a distancia que les ofrecerá el MEP, a fin de que repasen aprendizajes con diferentes materiales”, cita un comunicado del ministerio.

En un mundo digital

Aunque la directriz no obliga a continuar la enseñanza de forma digital, sí es el primer cartucho que queman profesores y estudiantes. Y ahí, el uso de las plataformas de aprendizaje se convierten en un termómetro del mundo digital.

Norma Villegas da clases virtuales desde Barrio La Granja, en el distrito central de Nicoya para la escuela privada, San Ambrosio. Como su colegio es privado, usa una plataforma digital distinta a la del MEP, Teams. Aquí ni el internet ni la plataforma fallan, pero Norma tiene otro problema: mientras antes tenía un horario claramente establecido de 6:40 a.m. a 4 p.m., ahora consulta consultas por WhatsApp durante más de 12 horas al día.   

Yo les doy un horario para las dudas, pero es mentira, cada quien puede hacer las obligaciones en tiempos distintos y ¿cómo no va a estar uno ahí?”, dice. 

Uno que sí utiliza la plataforma del ministerio es Luis Alberto Lizano, profesor de biología y ciencias naturales en el Liceo de Sámara, el Colegio Técnico Profesional de Copal de Quebrada Honda de Nicoya y también en el colegio nocturno de Nicoya. 

En total, Lizano educa a siete grupos de aproximadamente 24 alumnos cada uno.

El medio Delfino.cr asegura que el ministerio capació a docentes en talleres virtuales y webinarios para aprender a usar la herramienta Teams de Microsoft, que es, algo así como un Zoom. 

Según el medio, más de 5.000 docentes habían participado en ellos para finales de abril, poco más de un 50% del personal docente del MEP.

El ministerio, además, habilitó la línea 1116 como apoyo telefónico a los docentes y a los padres de familia para la atención de consultas sobre la educación a distancia. La institución reportó que desde la apertura de la línea, reciben 900 llamadas al día.

Lizano da fe de que la plataforma es muy buena porque tiene la posibilidad de hacer videollamadas y de tener una pizarra electrónica, pero reconoce que en ocasiones se «pegaba».

Algunos de sus alumnos también aseguran que tienen “sus complicaciones”. Por ejemplo, Naideline Carrillo, de 14 años y estudiante del Liceo de Sámara, dice que si no tiene aplicaciones como Word o PPT “cuesta descargar los documentos”.

Una de las mayores preocupaciones de la profesora Yessenia Padilla es cómo, una vez regresen las clases, los estudiantes podrán recuperar los más de dos meses de lecciones en pausa. Ella es la única profesora en la escuela Bellavista de Nandayure, donde estudian 14 estudiantes en total. Es un centro educativo unidocente, y en la zona, según ella, la conectividad a Internet es limitada o nula. La materia de repaso a sus alumnos la entrega una vez a la semana en copias a los papás de cada niño y niña, momento que también aprovecha para aclarar dudas a su alumnos. “Vieras los papás cómo se frustran, porque ellos no son docentes y es complicado”, dice. Asegura que es tanto el atraso de sus “chiquitos de primero, que a estas alturas ya deberían estar leyendo alguna que otra palabrita, pero siguen repasando las vocales”. Foto: María Fernanda Cruz

Internet: amo y señor 

Los estudiantes tienen la opción de acceder a guías de trabajo autónomo y estudiar desde casa. Son documentos que creó la institución para cada materia y grado académico, en los que detallan los contenidos y las tareas que los estudiantes tienen que hacer desde sus casas. Sin embargo, los estudiantes y profesores siempre necesitan y buscan la forma de comunicarse para resolver dudas o tener explicaciones de los contenidos. En ese punto, el internet es todo.

Según la encuesta del INEC (Enaho), en zonas rurales más casas acceden a internet a través del teléfono móvil (un 63%) en comparación con la zona urbana. Eso sí, según Lizano, esta opción siempre termina por ser un dolor de cabeza para los estudiantes porque el internet no les alcanza y  terminan desconectándose a mitad de las clases. 

El circuito 08, en Nandayure, es un ejemplo de eso. La profesora unidocente Yessenia Padilla explica que estableció un horario, una vez a la semana, para entregar a los padres de familia el material de repaso de los estudiantes y atender a los niños que requieren alguna explicación extra de la materia que están revisando.    

Ahí, en esa zona, o no hay internet del todo o la “señal es pésima”. Padilla es la única profesora de la escuela Bellavista, que tiene 14 niños entre primero, tercero, cuarto, quinto y sexto grado. 

“[Un día] tuve un problema con la impresora, entonces le mandé los trabajos a los niños de forma digital a través de los Whatsapp de los papás, pero a algunos les cuesta mucho y se frustran, entonces es difícil por todo lado”, dice Padilla. 

Esa frustración la explica todavía más el profesor Lizano, quien asegura que algunos de sus alumnos sí tienen su plan de internet en casa pero que no es el caso de todos en la provincia. 

Muchos alumnos buscan largo de sus casas para poder encontrar cobertura. Al rato ellos me dicen ‘profesor, me tengo que retirar porque aquí ya da miedo, se está oscureciendo’. Entonces yo no los puedo retener. No pensamos en el estudiante que tienen que desplazarse desde montaña adentro [en Chinampas y Santo Domingo, de Sámara, por ejemplo] para buscar señal”, agrega.

Con el internet, no todo es un tema de recursos económicos. Adriana Flores, del Costa Rica International Academy, en Tamarindo, dice que en las zonas costeras el internet es muy malo y “aún cuando las familias pudieran pagar el internet más caro, si no hay servicio, es lo mismo”.

El índice de competitividad cantonal 2011-2016 de la Universidad de Costa Rica posiciona a todos los cantones de Guanacaste (con excepción de Liberia) en un índice bajo de calidad de infraestructura. Ese rubro monitorea las facilidades respecto a la movilidad, la comunicación y el acceso a las tecnologías de la información. 

Pero en ocasiones, eso depende del tipo de centro educativo. En la escuela donde trabaja Flores, desde mucho antes de la pandemia contaban con varias plataformas como Google Classroom y también con políticas de educación a distancia.  

Nuestra periodista Andrea Rodríguez se conectó el jueves 14 de mayo a la clase de la profesora Adriana Flores, del Costa Rica International Academy en Tamarindo. La profesora nos contó que un día escuchó la frase: “Nosotros pasamos a ser docentes del siglo pasado a ser gurús tecnológicos en 24 horas”. Desde entonces, es lo que le dice a todos los que le preguntan cómo se siente en estos días de clases a la distancia. Luego de observarla en una clase, es fácil concluir que esta profe es experta en controlar, a través de la pantalla, una clase de niños y niñas de segundo grado y múltiples nacionalidades. “Vamos a hacer una pausa activa”, dice. Los niños se levantan de sus sillas, estiran las manos, brincan y se sacuden. Ella sonríe y continúa la clase. Foto: Mari Arango

¡Tengo que trabajar!

Lejos del internet y la tecnología, hay obstáculos más grandes que impiden que los días de aprender en casa transcurran dentro de los pocos estándares de normalidad que quedan en tiempos de pandemia. La pobreza es uno de ellos.

Sin dinero, el acceso a la tecnología, a tabletas, a computadoras, al internet y hasta el traslado de la casa a los centros educativos para retirar el material impreso en el caso que ninguna de las otras opciones estén a la mano, queda relegado.

Según Lizano, muchos de sus alumnos le comentaron que los padres les compraron una tablet, pero que el MEP no contempló a los alumnos con recursos más limitados. Es más, asegura que algunos de sus estudiantes están trabajando para ayudar en la casa. 

“Yo le dije a uno por ahí que no estamos en tiempo de trabajo, estamos en tiempo lectivo. Él me contestó lo siguiente: ‘profesor, necesito trabajar porque ocupamos en mi casa’ y en parte tiene razón, para nadie es un secreto cómo la estamos viendo todos parejo por el COVID-19”, dijo Lizano.

Estimaciones recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indican que el desempleo pasará de un 12% (como está actualmente) a un 19% como consecuencia de la crisis que vive Costa Rica por el COVID-19. Una afectación de más de 200.000 empleos. Mientras, el BID estima que la pobreza podría aumentar en cinco puntos porcentuales.

En un sector como el turismo, solo en Guanacaste, la crisis se refleja en el cierre de al menos 140 hoteles, según datos de la Cámara de Turismo de Guanacaste (Caturgua). Incluso, el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) calificó las cifras de visitación de turistas al país para el mes de marzo como ruinosas. 

Según los datos suministrados por la Dirección General de Migración y Extranjería, y analizados por el ICT, el Aeropuerto Daniel Oduber en Liberia registró el ingreso de 37.826 llegadas internacionales en marzo, un mes de temporada alta. Se trata de una caída del 52,2% en comparación con marzo del 2019.

Jose Manuel, del Liceo de Sámara, respalda lo que dice el profesor Lizano. Dice que uno de sus compañeros de clase le contó que no sabía si va a poder continuar en el colegio porque tiene que trabajar. 

Hay compañeros de El Torito que están trabajando por las dificultades económicas. Yo gracias a Dios no. Yo creo que más de uno no va a seguir [cuando vuelvan las clases] porque están trabajando y la verdad no sé qué tiene planeado el MEP”, dijo Jose Manuel.

Más desafíos

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) alertó el 20 de mayo anterior que el cierre de las escuelas y las profundas brechas existentes en el acceso al aprendizaje online podría dar lugar a un retroceso inédito en los niveles de desarrollo humano.

Esa es una de las preocupación de todos los docentes consultados para este reportaje. 

Norma, de la escuela San Ambrosio, dice que para ella las consecuencias más fuertes las sentirá el sistema educativo en el 2021, cuando los estudiantes deban prepararse para las aplazadas pruebas FARO, por ejemplo.

Según ella, y el resto de profesores, no todos los estudiantes están repasando o aprendiendo materia nueva al mismo ritmo. Todos coinciden en que la forma en que está estructurado el sistema educativo actual es aprender presencialmente, y un cambio abrupto como el que estamos viviendo limita el aprendizaje. 

En clase ellos [los estudiantes] entienden más fácil. Hay estudiantes también que yo en el aula estaba encima de ellos, y ahora les da vergüenza preguntar y es más difícil para ellos”, dice Norma. 

El estudio en casa, además, puede tener impactos en la salud emocional de los estudiantes. Flores, docente del Costa Rica International Academy, asegura que a los más pequeños les cuesta expresar sus emociones o nada más no saben cómo, y eso les genera mucha más frustración en el proceso. 

A Lorena Ruiz, vecina de Nosara, le preocupa la educación de sus hijas Selena (13 años) y Kahory (9 años), de izuierda a derecha en la foto. Eso, sin embargo, no le quita tanto el sueño como la situación económica en su casa. Trabaja dos días por semana como conserje en el colegio de Bocas de Nosara, y el resto de los días reparte sus tareas del hogar con las de las niñas. “¿Es que dígame, qué hace uno sin trabajo?”. Ella misma se interrumpe diciendo que, en su tiempo, no existían las computadoras. Por eso le pidió a los profesores que le mandaran el material impreso a sus hijas para ella poder involucrarse en la educación. Foto: César Arroyo Castro

“Le doy un ejemplo, nuestra población es muy internacional. Hubo casos en que los niños y sus familias tuvieron que montar en el último vuelo que había para volver a sus países porque sino no podían hacerlo. Sin despedida, sin cierre, tuvieron que irse. Eso tiene un peso importante”, reconoce la educadora. 

Con todos los obstáculos en más de dos meses de pandemia, el MEP no ha considerado declarar el curso lectivo desierto y según el último cronograma de apertura del Ministerio de Salud para la nueva normalidad, las clases presenciales se podrían reanudar a partir del 13 de julio bajo protocolos que todavía están siendo definidos por las autoridades. 

De aquí a esa fecha, Norma, Yessenia, Adriana, Luis Alberto y cientos de estudiantes continuarán buscando la mejor forma de enseñar y aprender en un contexto que para todos, responde a una realidad diferente. 

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