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El simbolismo mágico de los Chorotegas

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David Sequeira Barboza de 56 años, nació en Playa Buena Vista pero vive en San Martín de Nicoya. Su nombre aborigen es “Coatl Coalt” (Serpiente Culebra) y es una de las 12 personas que hablan la lengua Chorotega en el país.

Sequeira dice que la palabra Chorotega significa hombre que huye, pues la historia cuenta que los primeros Chorotega escaparon de la guerra con los Huicholes,  aborígenes guerreros de México.

Los Chorotegas son una de las ocho etnias  indígenas que habitaron el país desde antes de la llegada de los conquistadores hace 500 años. Se dice migraron entre los años 1000 y 1100 d.C y se asentaron a lo largo de la costa pacífica desde Honduras hasta Panamá incluyendo La Gran Nicoya.

Con la conquista, los españoles prohibieron el uso de la lengua Chorotega pero a lo largo de los años se la ha intentado conservar bajo ciertas reglas. Hoy en día está casi extinta porque sólo 12 personas la hablan, entre ellas dos adultos mayores de 98 y 99 años. 

El idioma se le enseña a dos hijos por familia a los que se les hacen cinco preguntas. Sus respuestas se consideran un indicio de valores y los buenos pensamientos de la persona. El lenguaje no se enseña a cualquiera pues Sequeira asegura que la combinación de algunas palabras tiene un simbolismo mágico. 

La perdida del lenguaje no es el único cambio que ha enfrentado este pueblo indígena. En el mes de noviembre se celebra la “Pica e Leña,” que es una actividad conocida en Nicoya para celebrar a la Virgen de Guadalupe, pero antes era una fiesta indígena en honor a «Centoil» Dios del Maíz.

Para los Chorotegas, durante el mes de noviembre, el «gran espíritu» se dedicaba a derribar árboles detrás del cerro. Una fila de aborígenes se formaba desde el «gran rancho» ubicado arriba del río chipanzo hasta el brazo izquierdo del cerro y cargaban la leña,  aprovechando el viento para cocinar. La fiesta incluía maíz, chilote, chicha y comida, celebrando el cambio del invierno al verano.

Mientras hablaba de tradiciones y mencionando sólo unas cuantas palabras en chorotega, Sequeira me lleva al río Chipazo, uno de los tres lugares en Nicoya que sus antepasados llamaron sagrados – El Gran Yancan (Cerro de la Cruz), El lugar del Sueño (brazo izquierdo del Cerro) y La Poza de la Alegría (las piletas en el Río Chipanzo), para que fotografíe la ceremonia de los cuatro mundos en tierras que alguna vez fueron respetadas. 

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