Nicoya, COVID-19

Entre agradecimiento y confusión: así arman los centros educativos de Nicoya los paquetes de alimentos para sus estudiantes

Dailyn Badilla está por sacar el quinto año en el Cindea de Nicoya. Recostada a la malla de la institución, resguarda en medio de las piernas una bolsa transparente que deja entrever una botella de aceite, un par de latas de atún, una bolsa de arroz y otra de azúcar. 

Nos dice bajo el sol de las 11 a.m. del martes 24 de marzo que esa bolsa es una “gran ayuda para todo lo que se viene”. Como consecuencia de la emergencia nacional por el COVID -19, su trabajo de pintar uñas para comprar la comida de su hogar está en un paro absoluto.

Dice que una llamada de su profesora la alertó sobre la entrega de los paquetes de comida que el ministerio de Educación Pública (MEP) se comprometió a dar a todos los estudiantes que forman parte del Programa de Alimentación y Nutrición del Escolar y del Adolescente (PANEA). Es decir, estudiantes que son usuarios registrados en los servicios de comedores estudiantiles de las instituciones.

A Badilla la rodean decenas de otros estudiantes que hacen fila y entran, en grupos de cinco, a retirar los paquetes al centro para personas jóvenes y adultas. Lo hacen con sus propias bolsas plásticas y de tela según la orden que giró la institución. También llevan cédula en mano para confirmar su nombre en la lista de beneficiarios.

El director del Cindea, Arcadio Mora, supervisa la entrega de los paquetes justo al lado de las mesas improvisadas por la junta de educación ubicadas en forma de herradura. “No sabemos cómo pero todo va saliendo muy bien, muy ordenado”, dijo.

El Cindea de Nicoya está preparado para entregar 515 paquetes. A la hora que Daylin Badilla retiró el suyo, ya el 80% de sus compañeros habían recogido los suyos. 

Para llegar hasta ese momento, Mora reconoce que la institución tuvo que hacer “malabares”. El más grande de todos: buscar el dinero para comprar los alimentos.

Cuenta que el MEP giró la orden el viernes 20 de marzo para “garantizar el derecho a la alimentación a los estudiantes” y él inmediatamente se preguntó de dónde provendría el dinero. Mora dijo que tuvieron que hacer cuentas para salir a comprar más comida. 

Antes de la directriz, el Cindea, y el resto de centros educativos del país, debían seguir preparando alimentos en los comedores escolares para atender a los estudiantes. Pero, “no es lo mismo lo que gastamos en el comedor, que con esta nueva modalidad”, comentó el director. 

Para lograrlo, tuvieron que “mover plata de aquí y de allá”, y quedarse con un déficit de unos ¢8 millones que esperan recuperar a través del MEP lo más pronto posible.

El 16 de marzo, el MEP ordenó de suspender las clases en todo el país pero que los comedores continuaran abiertos. Ahora, una vez entregados los paquetes, las escuelas cerrarán sus puertas hasta el próximo 13 de abril, cuando la institución valorará si continúa o no la medida.

Nunca había visto esto [una directriz así], y si pasó, yo no había nacido”, nos dijo un día antes de la entrega de alimentos. En ese momento, bajaba paquetes de un pick up para cumplir con el deber que les asignó el ministerio en el último momento.

Keilyn Zúñiga es vecina de Barrio San Martín. Trabaja como empleada doméstica y ha tenido que dejar de trabajar debido a la pandemia. La profesora de sexto grado le escribió por WhatsApp para que viniera a la escuela San Martín, en Nicoya, a recoger los paquetes de comida para sus tres hijos. Foto: César Arroyo

Peras por tomates

En la escuela Santa Martín de Nicoya la entrega de los paquetes transcurrió con mucho menos tranquilidad que la de sus vecinos del Cindea.

“Por favor, recuerden estar separados con más de un metro de distancia. Hagamos caso”, les dicen los profesores de la institución a los padres de familia que intentan formar una fila detrás del portón de entrada.  En ella, se encuentran adultos mayores, niños de dos a tres años acompañando a sus padres y mujeres embarazadas.

Para el personal administrativo, las carreras se extendieron hasta el miércoles 25 de marzo en horas de la tarde.

La presidenta de la junta de educación del centro educativo, Yorleny Gómez, explicó que la escuela solo tiene autorización para comprarle al Consejo Nacional de Producción (CNP) los productos para los paquetes. Sin embargo, el Consejo abastece a cerca de 2.000 centros educativos en todo el país y no dio abasto. No tenía todos los productos para completar el pedido de la escuela.

Nos quedaron debiendo verduras y frutas. Tuvimos que salir a buscar otro proveedor y nos atrasamos con la entrega”, dijo Gómez.

Según ella, como el CNP no tenía garbanzos ni lentejas, la junta tuvo que sustituirlo por otro producto del mismo valor nutricional, o sea, otro paquete de arroz. Y así con otras cosas, como peras en lugar de tomates.

“Yo lo que pienso es que las instituciones no contemplaron que hubiera de todo en las cantidades requeridas. Y bueno, el tiempo que tuvimos de respuesta es muy poco”, comentó la presidenta de la junta.

El CNP tampoco les pudo abastecer de papas, chile dulce, manzanas ni mandarinas. 

Según indicó el diario La Nación, el gerente general del CNP, Édgar Vargas, comunicó a las direcciones regionales del MEP que el Consejo tenía tiempo hasta el miércoles a las 5 p.m.  para abastecer a los centros educativos, pero de no cumplirse, autorizaba a los centros a comprar a un proveedor privado la alimentación. 

Justamente, la Contraloría General de la República autorizó el jueves 26 de marzo en horas de la tarde al MEP para que le compre a proveedores privados cuando el CNP no tenga productos. 

La directora de la escuela San Martín, Ana Lorena Sánchez, dijo que el centro educativo tiene a toda su población estudiantil como beneficiaria: 648 alumnos.

Sánchez espera que al finalizar la semana todos los padres de familia retiren los paquetes. Mientras no se entreguen, “el comedor continúa funcionando tal y como ha sucedido desde el primer día que se suspendieron las clases”, dijo.

La Voz de Guanacaste intentó conocer cómo la escuela Cacique Nicoa y Leonidas Briceño hicieron frente a la obligación impuesta por el MEP, pero, al cierre de este reportaje, no fue posible localizar a ningún representante del centro educativo. 

En el caso de la Leonidas Briceño, su director, Wagner Matarrita, nos indicó que debíamos gestionar todas las consultas a través de la oficina de prensa del ministerio, por disposición de la entidad.

En este último centro educativo, 911 estudiantes de preescolar y primaria son beneficiarios del programa. 

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