General, Mundo

Injusticia bolivariana y libertad

La sentencia de trece años de prisión decretada a Leopoldo López hace pocos días, debe ser un llamado de atención fuerte y claro para toda Latinoamérica. La bofetada a la Justicia y a la libertad que realiza el régimen Bolivariano, dejando de lado el Estado de Derecho, la decencia y lo que es peor aún la ley, debe hacernos reflexionar a todos en América Latina, debe servir como una advertencia para todos los países latinos de que pasa cuando se desprecian y se toman con ligereza las Instituciones, la Democracia y los Derechos Humanos.

Un país como Costa Rica que es conocido en el mundo como un faro de libertad y legalidad por su historia democrática, por su respeto y promoción a los derechos humanos, a la legalidad y la institucionalidad, y no puede permanecer mudo como nación ante el caso de Leopoldo López, que no es un caso aislado, para nada, sino que representa la situación de inseguridad, desesperación y dolor de todo un país hermano que se desangra lentamente mientras todo el continente mira en un silencio incómodo, casi insoportable.

La condenatoria de Leopoldo López en la República Bolivariana de Venezuela debe funcionar como un balde de agua fría que haga estremecer a toda la América de habla hispana por muchas razones: por nuestra historia, por los errores cometidos en el pasado que tanto dolor causaron, pero en nuestro caso en particular debemos tomarlo como punto de partida para evaluar nuestra situación país.

La inseguridad jurídica es el primer gran paso hacia la caída de una democracia, no tener las reglas claras y no saber a qué atenerse resulta desastroso para un país, sus ciudadanos y sus medios de producción, y las últimas señales que manda nuestro gobierno son muy poco alentadoras. La situación de la Fecundación in vitro que se le ordenó al Estado Costarricense, que debe ser corregida por la Corte Interamericana al Estado Costarricense hace años y que ya varios gobiernos se han negado a cumplir, la amenaza del gobierno de restringir el acceso a internet con tal de bloquear el acceso a la aplicación Uber y otras muchas señales realmente preocupantes nos tienen que poner a reflexionar sobre nuestro futuro como nación. Como lo dice un viejo refrán chino: “Por culpa de un clavo se calló la herradura, por culpa de la herradura se perdió un corcel, por culpa de un corcel no llegó un mensaje y por culpa del mensaje que no llegó, se perdió la guerra…” en resumen no podemos permitir que se nos vayan recortando las libertades de a poquitos.

La limitación de libertades del tipo que sean no es una manera de regular la población ni sus relaciones personales y productivas. Pretender frenar el desarrollo de las inventivas privadas es sin más, querer tapar el sol con un dedo y es el comienzo de algo delicado, peligroso e indeseable.

Regular es muy diferente a prohibir y dialogar, es muy diferente a castigar, y se corre el enorme riesgo de cometer groseras injusticias cuando se quiere regular todo y prohibir todo. La condena a Leopoldo López por parte de un régimen que es dueño de los Bancos, de los medios de comunicación, del petróleo, de los supermercados, de las farmacias, de los buses y de los trenes, y que comenzó regulando el tipo de cambio del dólar hasta criminalizarlo, es el más claro ejemplo de cómo no se debe gobernar.

Un gobierno que maneja el Gobierno Central, que manda en el Congreso y que pone y quita jueces como quien administra una pulpería, que ordena a quien procesar, a quien dejar ir y a quien darle inmunidad es la prueba fiel de que el Gobierno no debe regular todo y no debe ser amo y señor de todo; por el contrario debe existir un balance sano que contenga contrapesos que eviten el poder ilimitado al Estado. Lo dicho muchas veces: el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, ejemplo claro y con pruebas abundantes es el régimen venezolano que dirige el país por medio de un Presidente que ha dejado clara su total incapacidad, y que llegó al poder por orden expresa del difunto Hugo Chávez, luego de unas elecciones cuestionadas.

De vuelta en el ámbito local, los costarricenses debemos entender primero que el Gobierno no debe proveernos todo, que no podemos depender del Estado para todas nuestras necesidades, pero el Gobierno debe entender que no puede regular todo, fiscalizar todo, prohibir de forma indiscriminada y pretender frenar el desarrollo de la empresa privada y de las nuevas iniciativas. Las libertades que los costarricenses gozamos son el resultado de una historia limpia, democrática y vanguardista y el Estado debe entender que se debe ajustar a los nuevos tiempos, para seguir al servicio de los costarricenses como corresponde y no al revés.

 

 

 

 

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