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La agresión verbal disfrazada en “piropo” afecta a miles de mujeres

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Una mañana, Karen Díaz caminaba al lado de la calle cuando de pronto, dos sujetos dentro de un carro sacaran sus cabezas para decirle lo que pensaron sobre su cuerpo, de una manera gráfica y violenta. Y eso cuando tenía tan solo once años.  

Ahora Díaz, vecina de Nosara, tiene 25 años de edad pero nunca olvida este primer acercamiento al acoso sexual callejero siendo una niña, y comenta como lo sigue experimentando todos los días, viviendo escenas similares.  

“Recuerdo ese día en la infancia muy claro, porque resultó ser el día que entendí como funcionaban realmente las cosas por acá. A partir de esa horrorosa experiencia fue cuando olvidé la inocencia, me sentí avergonzada por mi cuerpo y hubo un tiempo después que solo ropa floja usaba”, comenta Díaz.   

El problema se conoce como el acoso sexual callejero o la agresión sexual verbal, bajo la justificación errónea de definirlo como un “piropo”.  La vulnerabilidad que sienten las mujeres al escuchar a un desconocido opinando sobre su cuerpo es tanta que se ha transformado en una “costumbre”, por lo que las mujeres optan por ignorarlos, como lo han hecho desde que son niñas y como probablemente lo seguirán haciendo durante toda su vida.   

La Voz de Guanacaste decidió salir a la calle y conocer la opinión de 13 mujeres y hombres que viven en la zona. Algunos hombres entrevistados reconocieron que es una falta de respeto cuando el piropo es pasado de tono, mientras las mujeres expresaron que se sienten incomodas y no caminan con tranquilidad después de recibir un piropo pasado de tono (véase recuadro para leer algunos de los comentarios).  

Silvia Mesa, Psicóloga del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM), de la Universidad de Costa Rica, explica cómo este comportamiento indeseado viene de una costumbre histórica en Costa Rica.   

“Muchas veces los hombres justifican sus acciones por el hecho de ver a algunas mujeres que dicen que les encanta cuando les dicen esas cosas pero eso también deriva de una sociedad como la nuestra donde nos han enseñado que dependemos de lo que nos digan los demás para ser aprobadas”, comenta Mesa.   

Actualmente, en el país no se cuenta con una regulación clara para denunciar y penalizar este tipo de situaciones, debido al grado de dificultad para identificar a la persona que camina rápidamente al lado de la afectada mientras le dice alguna referencia sexual o al conductor que le grita algo a la mujer a altas velocidades mientras va el carro en movimiento.   

Los casos donde podría considerarse estas acciones como delito son aquellos donde hay contacto físico indeseado, que se pueden comprobar ante una oficina de flagrancia, llevando a la persona que le faltó el respeto a la mujer, ya sea porque un policía logró ver el acto y detener al individuo o porque la mujer logró detenerlo en el momento y llamar a la policía.   

Sin embargo, en cuanto a la agresión por palabra, esa que es el pan de cada día de muchas mujeres, a menudo se pasa por alto, al no poder ser “comprobable”.   

“Definitivamente estos casos son muy difíciles de probar, por lo que no se sancionan, lo que lleva a la mujer a simplemente acostumbrarse, y contribuir a que estas acciones sean cada día más aceptadas socialmente”, menciona Mesa.   

Por otra parte, al consultar a la Policía Turística de Playa Guiones sobre cómo actuar en estos casos, el Jefe Kevin Salas, respondió: “En el momento en que a una persona se le falte el respeto en los alrededores, la afectada puede acudir a nuestra oficina, describir al individuo que realizó la acción, y nosotros procedemos a darle seguimiento si él se encuentra aún por el área indicada por la afectada y tomamos los datos para que ella pueda realizar una denuncia y continuar con el proceso legal de investigación”.   

El silencio de la mujer ante estos abusos verbales puede transformarse en la principal arma en su contra, contribuyendo a que esta situación nunca cambie. “Hay que iniciar una costumbre de desaprobar estas acciones, que afecta a nuestras madres, amigas, esposas, hermanas, novias, hijas, sobrinas y nietas, en beneficio de su bienestar personal y paz al caminar”, insta Mesa. 

 

 

¿Qué pasa si un piropo es pasado de tono?  

“Me dicen ‘adiós, machita’ o ‘que machita más guapa.’ A veces uno les dice gracias. Lo que no me gusta es cuando tienen la intención o ponen malicia como ‘Uy mami’”.  Evelyn Suarez Arce, Cuesta Grande.  

“A menos que va a ser un piropo que agrade, ¿para que decir algo desagradable? O es un piropo dulce o mejor no”.  Olger Montiel Perez, Nosara  

“De mi parte, yo no les digo estas cosas a las mujeres y si yo lo dijera, lo dijera en planas de conquistar”. Taylor Herrera Mendoza, Nosarita  

“Si es un piropo pasado de tono, se siente uno mal, y también le da cólera, pero si es un piropo bonito, le suben el autoestima”.  Jenifer Ramirez Arce, Nosara  

“En alguna ocasión (lo he hecho). Hay unas que reaccionan bien, hay algunas que lo ignoran y hay algunas que les molesta. Hay algunas que les gusta, hay otras que no”. Farid Vargas Piñal, Nicoya  

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