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La canción guanacasteca que enamoró a Manzanero

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“Pero ¿qué es esa poesía, Arnoldo? ¿qué es esa maravilla? ¡La canción es una joya! Es lo más lindo que he escuchado de Costa Rica y me encantaría grabarla’”.

Así recuerda el músico costarricense Arnoldo Castillo la llamada que tuvo con Armando Manzanero hace ya casi dos décadas.

Manzanero, coronado por sus fanáticos como “el rey del romanticismo”, grabó con su propia voz una de las canciones costarricenses más importantes: He guardado. Un ‘pasillo’ que nació aquí mismo en Guanacaste hace casi un siglo.

Muchos artistas nacionales como Max Goldenberg, Los Hicsos, Mauricio Penagos, José Cañas y Debi Nova han hechos sus propias versiones de esta canción que van desde la balada rock hasta la cumbia.

¿Quiénes fueron los responsables de dar vida a una de las canciones más queridas de nuestra música popular?

Para averiguarlo debemos devolvernos casi un siglo atrás a las polvorientas calles blancas de la ciudad de Liberia.

Ahí llegó Manuel Rodríguez Caracas con sus padres desde Rivas en 1908, cuando tenía apenas cuatro años. Rodríguez luego estudiaría leyes en San José y compondría la única canción que le conocemos.

También en Liberia nació Aristides Baltodano, educador y diputado durante muchos períodos; era hermano del doctor Enrique Baltodano Briceño. Él fue el responsable de escribir los versos de la canción y aunque existe mucho registro histórico de Baltodano en los periódicos de la época sobre su faceta como político, de lo literario hay muy poco, por no decir nada.

Según el libro Las canciones más bellas de Costa Rica y sus compositores de Jaime Salazar Rico (Editorial Academia de Guitarra Latinoamericana, 1990), que dedica una de sus páginas al origen de la canción, Manuel Rodríguez contaba que por el año 1934 le escuchó la canción a Aristides “y como le parecieron muy hermosos los versos, le pidió autorización para ponerles otra música”.

Con la letra de Aristides ya musicalizada por Manuel, en Liberia empezó a conocerse la canción que pocos meses después llegaría hasta la clase alta josefina.

La cacería de canciones

Para entender cómo salió de Guanacaste la canción de Manuel y Aristides tenemos que devolvernos a la San José de finales de los 20s. En esa época los compositores nacionales empezaron a debatir sobre cuál debería ser nuestra música ‘nacional’.

María Vargas Cullell en los últimos capítulos de su libro De las fanfarrias a las salas de concierto (Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2004), cita los intercambios de los músicos que se reunieron para definir ese ritmo. 

Una de esas corrientes, la más académica, proponía la idea de crear un concurso para determinar cuál sería nuestra música pues afirmaba que “ mejor será la que más se acerque a los grandes maestros, cualquiera sea su nacionalidad, y no la que degenere en el popu­lar «arroz con chancho» del Guanacaste, por ejemplo, y hay que aspirar a que la producción musical nuestra pueda ser ejecutada en la Cámara del Vaticano, en la ópera de París, en todas partes”.

Otros, en cambio, apostaban a recurrir a la música regional “como Colombia tiene sus bambucos y sus pasillos, como México sus danzas, como Cuba sus danzones”.

El músico y compositor Julio Fonseca sugirió que la música guanacasteca podría ser la respuesta a lo que buscaban, fue así como el Secretario de Educación Pública Luis Dobles Segreda envió una comisión de músicos por todo el país con una misión: encontrar un “ritmo nacional”. Un año más tarde, empezaron a realizar tres giras y como resultado surgieron los primeros folletos de la música nacional, mucha fue recopilada en la provincia. 

Es en el tercero de estos folletos llamado Música folclórica de Costa Rica, que añaden “He guardado” junto con otras canciones importantes como Pasión, El Torito y Punto Guanacasteco.

Una vez que la música estaba recopilada, debían darla a conocer. En la década de los 30 el Estado no sólo editó estos folletos de música nacional sino que apoyó muchísimos conciertos para dar a conocer los resultados de esas pesquisas. 

El mismo libro de Salazar menciona que “He guardado” fue interpretada el 15 de septiembre de 1934  por un coro de voces femeninas en una velada en el Teatro Nacional.

Pasarían un par de décadas hasta que la canción finalmente pudiese ser grabada en un disco de 78 revoluciones por minuto (rpm), precursor de los discos de vinilo. De un lado sonaba He guardado y del otro la famosa canción Luna Liberiana de Jesús Bonilla. Ambas interpretadas por, quizá, el cantante liberiano más importante aún con vida: Manuel Chamorro.

Manuel Chamorro tiene todavía una voz privilegiada y suficiente lucidez para hablar de su historia, muy poco común para un muchacho de Liberia en los 50s y 60s.

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Según el experto en música popular costarricense, Mario Zaldivar, a finales de los 50s y principios de los 60s, Manuel Chamorro era una especie de fenómeno mediático, con una voz maravillosa y un look que le sumaba admiradoras por montones.

Chamorro no solo era un gran intérprete con una gran voz. También componía canciones. De hecho, grabó un disco solo con canciones que él mismo escribió. Foto: Eka Mora

A partir de ahí la canción no ha parado de sonar en las voces de cantantes nacionales.

Aristides, Arnoldo y Armando

El músico Arnoldo Castillo pausa un rato sus vacaciones en Guanacaste para contestarnos algunas preguntas sobre la canción y sobre su “papá musical”, como él llama a Manzanero. 

Tengo una conexión muy especial con esta provincia, con su música. Me he propuesto hacer una reinterpretación de la música tradicional de Costa Rica. Eso fue lo que intenté hacer en el año 2000 cuando busqué a Fidel Gamboa para que me hiciera los arreglos”, recuerda el cantante.

Castillo se refiere a su disco Dialoguemos, el cual trabajó junto a Fidel, el ya fallecido músico nicoyano y líder del grupo Malpaís. En ese mismo disco estaba incluida “He guardado”, es la penúltima canción del álbum y no estaba inicialmente dentro de las piezas incluidas dentro del álbum, pero Castillo decidió agregarla por recomendación de Fidel.

En una de sus giras por Costa Rica Manzanero llevó este disco de Castillo a México, poco después, Arnoldo recuerda recibir aquella llamada telefónica. 

Castillo quedó muy impresionado pues nunca imaginó que le gustaría tanto como para grabarla él mismo. Y no sólo eso, le pidió que coordinara con Editus para grabar aquí parte de lo que sería su siguiente álbum Master Class, donde incluyó una versión muy parecida a la que había compuesto Fidel.

Me dijo ‘Arnoldo, quería pedirte permiso para ver si puedo basarme en tu arreglo’ que ‘si no hay problema’ ¿puedes creer que me pidió permiso para eso? Entonces hablé con Fidel, le pedí las las sesiones, le mandé partituras y él estaba feliz de que yo pudiera mandarle ese material”.

Cuando ya por el mundo

Ponga fin a mi jornada

Moriré con la boca

Fuertemente apretada

Para que en el instante

De emprender la partida

Lleve mi alma en tus besos

El sabor de la vida

Estos versos que enamoraron a Manzanero fueron impresos por primera vez el mismo año de su nacimiento, en 1935.

Hace poco menos de un mes  el artista puso “fin a su jornada” tras batallar contra las complicaciones que sufrió por el COVID-19. El reinado del músico yucateco de seguro no acabará con su muerte, muchos artistas se encargarán de darle un nuevo aire a sus canciones. Así como la única canción que conocemos del abogado y el educador, sigue vibrando hasta hoy.

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