Derechos Humanos, Especiales

Bombas contra la mujer: cuando el folclor golpea

Esta ilustración la hizo Daniela Jiménez Gómez, de Costa Rica. Con su estilo busca comunicar la fuerza y belleza de la mujer en todas sus formas por medio de muchos colores y texturas. @danijg22. Foto: Daniela Jiménez Gómez
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Maletas y maletitas

alforjas mal amarradas

hombres varones pendejos

mujeres mal amansadas

Muy pocos pueden decir que no se han reído o no se han rajado un buen grito guanacasteco en media parrandera cuando alguien interviene con una bomba (una especie de refranes populares) como esta, que es parte de una recopilación del propio Ministerio de Cultura a través del Centro de Conservación de Patrimonio Cultural.

Si las vemos con cuidado, muchas dedican las primeras dos líneas a imágenes nostálgicas de la vida en el campo, y las siguientes dos a mensajes cargados de estereotipos sobre cómo deben ser las mujeres y los hombres: las mujeres obedientes y amansadas, como si fueran un caballo, y los hombres valientes, que las amansen.

 

La tendencia se extiende a retahílas, canciones y  cuentos que alimentan nuestro folclor. ¿De dónde vienen exactamente y qué deberíamos hacer con ellas? Le hicimos la misma pregunta a compositores y compositoras de la provincia. 

Tiempos ¿pasados? 

¡BOOOOMBA!

La yegua que yo montaba 

la monta mi compañero

el gusto que a mí me queda

es que yo la monté primero

Nadie sabe con certeza cuántos años tiene ni quién fue el autor de ese verso, pero es fácil imaginarse un escenario de coyolera, con los sabaneros sosteniendo sus botellas en la mano, descansando luego de su jornada en el campo, y las mujeres cocinando en los fogones. 

La compositora guanacasteca Guadalupe Urbina escuchaba acongojada esta bomba hace un par de años, en el Festival de la Marimba en Limonal, pensando en el doble sentido machista de la frase. “Dije: ‘si aquí hay personas de habla hispana de otros sitios escuchando esto, qué vergüenza que nuestros niños estén reproduciendo estas cosas’”. 

Es casi imposible imaginarse un 25 de julio sin música. Cada canción que se escucha es una historia de la provincia, una foto de la gente y un pellizco al…
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Para Urbina, mucha de la violencia que vivimos cotidianamente empieza ahí, desde que estamos muy pequeños; cuando nuestra misma cultura parece darnos permiso de usar las rimas para hacer piropos groseros, usar frases vulgares contra las mujeres o definir quién es el más hombre, quién montó primero “la yegua”.

Cuando la cultura te presenta como algo no valioso es muy fácil maltratarte, porque no sos visible”, Guadalupe Urbina, compositora.

La investigadora de la Universidad Nacional, Yorleny Espinoza, desviste las canciones escritas por cantautores y cantautoras de Guanacaste para encontrar en ellas los estereotipos de género. Para ella es muy importante no permitir que ese tipo de letras sean etiquetadas como tradicionales. 

“Inconscientemente esto afectaría nuestra forma de ver el mundo, nosotros tenemos un imaginario cultural que, si está alimentado por machismo, es más probable que se puedan desarrollar o permitir conductas agresivas”, señala Espinoza.

Esa Guanacaste del pasado, dice, es la que enaltece ciertas masculinidades, la que celebra a los hombres mujeriegos, borrachos y peleadores. 

“Yo no ando con los pendejos

ando con los hombres machos”

“cuando me sale una bronca

no hay hombre que me restriegue

pal baile y pa las mujeres

no hay quien me ponga la pata”

Las estrofas arriba pertenecen a la canción El rajón, del grupo santacruceño Los Chocuacos grabada este año, pero escrita en los ochentas por el grupo Cornizuelo. 

Arnaldo Rosales, cabeza del grupo, explica que la lírica perteneció a su tío Rolando Gómez y que ellos tratan de abordarla desde otro punto de vista.

“Nosotros no queremos bajo ninguna circunstancia decir que la persona de Guanacaste tiene que ser así, sino más que todo hacer una sátira a ese que cree que esa es la idea de ser guanacasteco”, agrega.

Otro de los grupos que entrelazan bombas con sus canciones es la banda santacruceña Los de la Bajura, probablemente el grupo de música folclórica más icónico de la provincia. 

Balo Gómez, su fundador y director, coincide en que los versos con contenido violento y machista están mal, sin embargo, considera que las tradiciones no pueden callarse.

“Las bombas toda la vida han tenido un doble sentido bien hilado. Y no solo en Costa Rica, la copla es latinoamericana”, señala Balo. “Por ejemplo yo tengo un perro bien grande y vos uno pequeñito ¿qué tal si yo te doy el grandote y vos me das el chiquitito? Yo estoy hablando del perro, que usted piense otra cosa ese es su problema”.

En el otro extremo están nuevas compositoras guanacastecas, que opinan que debe cortarse de raíz cualquier manifestación machista y violenta, aunque sea considerada tradicional. Como Ana Lucía Rodríguez y su compañera Melena, dos integrantes del grupo guanacasteco Paisaje Ámbar.

Para ella, los casos de violencia doméstica y abusos sexuales que siguen sucediendo dentro de los hogares de Guanacaste, son razón suficiente para erradicar este tipo de bombas y canciones. 

“Tenemos que reconstruir nuestra historia y nuestra música para que sea un arte amigable y saludable con todas y todos”, agrega la compositora.

Pero todavía es difícil hacerlo desde el folclor. Por ejemplo, dice que en una semana cívica de Santa Cruz programaron su concierto después del “plato fuerte” de la noche, cuando el público ya empieza a irse.

O hace un par de años, cuando participó de una charla con cantautoras guanacastecas sobre la cultura popular, varios hombres del público «brincaron» diciendo que era discriminatorio no invitarlos. Melena rechaza ese argumento, alegando que los hombres siempre han obtenido ese tipo de reconocimientos.

Mi papá también es cantautor y él a cada rato es homenajeado en Guanacaste.  Se ven muchos reconocimientos hacia hombres, pero para las mujeres es más difícil”.

¿Qué sigue?

Para las instituciones es imposible controlar los contenidos de estas bombas y canciones que suenan en los pueblos.

Lizeth López, del Centro de Conservación de Patrimonio Cultural, argumentó que son las personas que mantienen estas tradiciones vivas quienes deben ponerse algunas reglas, que cuiden el lenguaje no sólo en temas de género, sino de respeto en general.

Las integrantes de Paisaje Ambar confían en que los y las compositoras jóvenes reinventarán el folclor de las siguientes generaciones, aunque de momento no exista una explosión de nuevos folcloristas guanacastecos que pueda considerarse un movimiento.

Arnaldo, de Los Chocuacos, dice que Paisaje Ámbar es “una genialidad” y le alegró verlas ganarse los aplausos hace dos años en una presentación en Santa Cruz. “Tal vez en los ochentas eso hubiese sido mal visto”, señala, pero espera que la música tradicional siga evolucionando.  

“Lo que traemos de tiempos antiguos es lo que hemos estado plasmando, esas pinceladas de paisaje que tenemos de nuestra Guanacaste. Una de las grandes proezas que podemos hacer como compositores es escribir viendo más hacia el futuro y menos hacia el pasado”, añade.

Ana Lucía lo sintetiza de esta manera: “Nosotros no quisiéramos arruinar la Guanacaste eterna, la quisiéramos mejorar”.

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