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Malpaís, fiesta guanacasteca

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Malpaís regresó a casa este viernes 9 de setiembre para cerrar con un coro de cientos de gritos guanacastecos la Semana U de la Universidad Nacional (UNA) en Nicoya.

El quiosco del parque Recaredo Briceño, en el centro de la ciudad, sirvió por más de tres horas como tarima, aunque, en el caso de Malpaís, fue más un pedestal. Cómo no: las canciones del grupo juegan, bailan y añoran con la tierra guanacasteca y con su gente.

La noche inició tibiamente con Mechas, a las 7 p. m. La plaza del parque comenzó a poblarse mientras éxitos como “Sola” y “Hasta que vuelva a amanecer” animaban el ambiente.

Jorge Zumbado, Mechas.

La mayoría de la audiencia permaneció sentada. Algunas familias trajeron sillas y cervezas consigo y un grupo de niños aprovechó la parte más alejada del quiosco –frente a la iglesia– para hacer una mejenga.

Sin embargo, todos se pusieron en pie al primer instante que Iván Rodríguez tocó las cuerdas de su violín. La multitud se agolpaba frente al quiosco para sentir la música lo más cerca posible; para gritar, bailar, tomar alguna fotografía o, sencillamente, cerrar los ojos y dejarse llevar por las melodías.

Iván Rodríguez, violinista y mandolinista.

El bajista Jaime Gamboa le recordó a Nicoya que donde hoy está el Banco Nacional fue su patio y que su hermano, Fidel, “nunca dejará el escenario en este sitio”. Así lo dijo antes de calentar la noche aún más con “El barrio de los jazmines”, la cual se enreda en “las historias de esas familias que hacen de todo para salir adelante”, agregó.

Jaime Gamboa, bajista.

La agrupación encendió el parque con lanzamientos recientes como “Retratos de un país inédito” y “La calle de la lluvia” y también con sus primeras composiciones, tales como “Son Inú” y “Como un pájaro”.

La multitud estalló en gritos guanacastecos cuando Manuel Obregón golpeó la marimba. Iván Rodríguez emulaba aquel coro con el violín, para mayor entusiasmo de la multitud. Casi al final de la noche, Malpaís invitó al marimbero Abel Guadamuz, de Los de la bajura, quien lució varias improvisaciones.

Manuel Obregón, tecladista.

Infaltable son canciones como “La coyolera” cuando Malpaís visita la provincia. La gente los siguió a coro, ondeando pañuelos y zapateando el suelo.

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Sin duda, Malpaís demostró que sus visitas a Nicoya son un encuentro con la familia. Malpaís no solo es un grupo de músicos; Malpaís es una fiesta guanacasteca.

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