Comunidad, COVID-19

Visite la ruta turística de Matambú y ayude a reactivar la economía del único pueblo indígena de Guanacaste

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Desde el centro de Nicoya, el único territorio indígena de Guanacaste, Matambú, está a unos cinco kilómetros. “No hay chozas ni indígenas con taparrabos como cree la gente”, dice el líder comunal Ezequiel Aguirre. A esa comunidad también llegó el COVID-19 y la paralizó. 

Al 5 de agosto, Matambú reporta once casos positivos de COVID-19 desde que comenzó la pandemia a nivel nacional. Según el Ministerio de Salud, todos ellos ya están recuperados. Sin embargo, el impacto del virus en la economía de la comunidad está intacto. 

Don Ezequiel lo cuenta así: “Desde marzo, por ahí, no vino más nadie”. Él hace referencia a que ninguna persona volvió al pueblo o a su proyecto ecoturístico y cultural que incluye senderos, cataratas y pozas en más de 20 hectáreas de bosque tropical seco. 

Con la pandemia, Ezequiel asegura que pasó de recibir unas 60 o 70 personas por mes, entre estudiantes y extranjeros, a reportar cero visitas. Un rancho a medio terminar y un taller con vasijas de barro apiladas con trapos encima dan fe de la nueva realidad. 

Él dice que dichosamente tiene unos ahorros que le han permitido vivir durante los meses de cero visitas. Además, echó mano de otras habilidades e ideas para sobrevivir, como hacer trabajos en madera, sembrar pitahayas y poner nuevas colmenas para producir miel.

También espera poner en marcha el proyecto con el que resultó ganador de una beca del Ministerio de Cultura, que consiste en realizar videos y fotos del proyecto para promocionar la iniciativa.

La finca de Ezequiel forma parte de lo que él mismo denomina una “ruta turística”. De hecho, al ingresar a Matambú, varios rótulos saltan a la vista anunciando puestos de artesanía y ventas de rosquillas.

El hermano de Ezequiel, Pedro, es otra de las paradas en esa ruta. Él y su esposa Elizabeth venden comida criolla.

De hecho, los grupos que caminan en los senderos de la finca de su hermano, terminan comiendo en un galerón acondicionado como comedor, recibiendo clases para hacer tanelas y empanadas y escuchando una marimba acompañada de bailes típicos.

En 2019, un buen año para la familia de Pedro, recibieron 20 visitas entre grupos de estudiantes y turistas extranjeros y locales. Para este año, tenían programadas unas cinco entre abril, mayo y junio de estudiantes provenientes de Estados Unidos, pero fueron canceladas.

Su esposa Elizabeth recuerda que tener el comedor lleno de visitas era sinónimo de trabajo y de unión entre todos los miembros de la familia. Mientras ella cocinaba, su nieto se alistaba para tocar la marimba y Pedro preparaba la charla sobre la cultura del territorio.

En estos días, el ingreso de la familia apenas alcanza los ¢7.000 diarios.

“Teníamos unos ahorritos que nos iba quedando del ingreso de los tours y en dos meses se terminó. Pero aquí vamos”, dice Pedro mientras bromea con que ojalá no le agarre “el corona”.

Pedro es hermano de Ezequiel y tiene a cargo la parte de la alimentación de los grupos que llegan al proyecto. Cuenta que durante los primeros meses de la pandemia se “comió los ahorros” que tenían y ahora viven con unos ¢7.000 al día. Ahora con el maíz que cosecha en su parcela hace pinol y harina para producir chicheme. Su esposa Elizabeth sentencia: “Ordeñamos una vaquita y hacemos queso. La verdad que se vive con lo poco que hay”. Foto por Eka Mora.

De esta, salimos

A escasos 100 metros de donde Pedro, y como parte de la ruta, otro rótulo sobresale: Artesanías El Chamán.

Justo a la orilla de la calle principal de Matambú, Eugenia exhibe en su rancho comales, jícaras y maracas. Todo es hecho a mano por ella con ayuda de otra mujer de la comunidad. 

Cuenta que, en un buen mes, la venta de sus trabajos hechos en barro le significaba un ingreso de unos ¢100.000 por la venta de unas cinco artesanías. Pero ahora no vende nada. 

A su esposo, cuenta, la empresa donde trabaja le redujo la jornada en un 50% y eso complicó aún más la situación en su casa. 

Yo antes trabajaba las artesanías en la mañana porque el  barro estaba fresco y las tardes las dedicaba a la casa. Ahora con la pandemia, pues lo que hago es venir a barrer [el rancho] y mantenerlo ordenado”, comenta.

Aún con ese panorama, Eugenia está convencida de que la situación pronto mejorará y que Matambú tiene todo para salir adelante.

El rancho donde Eugenia vende artesanías está al filo de la calle principal de Matambú. Ella dice que desde marzo no pasa nadie ni a comprar ni a preguntar por los comales, las jícaras o las vasijas que trabaja. A su esposo le redujeron la jornada en un 50% y sus hijos reciben clases virtuales desde su casa. Según cuenta, que los niños no vayan a la escuela es un alivio porque de alguna forma se puede ahorrar un poquito de plata. No son buenos tiempos para ella, asegura, pero tiene la certeza de que todo va a pasar muy pronto. Foto por Eka Mora

Así piensa también Joanny Pérez, que a unos 10 minutos a pie del rancho de Eugenia, alista maíz para hacer rosquillas. 

Joanny es rosquillera desde el 2012. Según ella, fue de las últimas mujeres en hacer rosquillas en el lugar, pero desde 2015 decidió dedicarse de lleno a la actividad y empezó a recibir los grupos de estudiantes que llegaban a la zona y a ofrecerles un taller para aprender el arte de las rosquilleras. 

También empezó a recibir pedidos desde San José, y a poner las bolsas de rosquillas por encomienda. Pero sin visitantes y con los servicios de encomiendas funcionando de forma intermitente, la producción se vino abajo, casi que a cero. La solución: salir a vender rosquillas al centro de Hojancha y empezar a buscar amigas que le ayuden a colocar sus productos.

“Y todavía hay gente que a pesar de la dificultad que uno está viviendo por esta situación quiere aprovecharse y quieren que uno le dé las rosquillas a mitad de precio y no se puede porque nosotros tratamos de hacer un producto de calidad”, agrega.

Una bolsa de rosquillas ronda los ¢1.500, y lo poco que gana, lo utiliza para pagar una que otra deuda atrasada. 

Pero sabe qué, yo veo el futuro con esperanza.Yo tengo la fe en Dios de que esto va a pasar y que todo va a cambiar. Vamos a aprender a vivir con esto, porque así es, hay que aprender”, sentencia con una sonrisa en el rostro.

Listos para arrancar

Tanto Eugenia como Ezequiel aseguran que sus negocios y el resto de actividades de Matambú están listos para volver a recibir gente bajo los protocolos establecidos por Salud. 

El uso de mascarillas y la instalación de piletas para el lavado de manos a las afueras de sus ranchos son parte de los esfuerzos que han hecho para reactivar el turismo en el lugar.

Eso sí, Ezequiel no escatima en decir que si ellos se levantan de esta es por ellos mismos, pues considera que hay una ausencia de las autoridades del gobierno en capacitar a la gente de la zona en la aplicación de las nuevas medidas.

“Yo lo tengo claro, pero sinceramente aquí hay gente muy humilde, gente económicamente muy mal, que si le dieran alguna capacitación de cómo vender sus productos sin poner en riesgo la demás gente sería mejor”, dijo. 

Agrega que otra forma para ayudar a la reactivación del pueblo de Matambú es que el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) los reconozca como ruta turística y les permita entrar a “las grandes ligas” para promocionar sus productos. 

Yo le puedo decir que la gente que viene aquí se va encantadísima, si no los ponemos a hacer una cosa, los ponemos a hacer otra. Para los que vienen es una experiencia diferente, es sentirse con las manos llenas de arcilla y posar para una foto. Es algo lindo”, comentó Ezequiel.

Visite Matambú

Si querés ayudar a algunos de los empresarios consultados para este reportaje, te dejamos sus números de teléfono y contacto a continuación:

  • Ezequiel Aguirre: Proyecto ecoturístico y cultural, 8816-6922
  • Eugenia Mendoza: Artesanías El Chamán, 8535-1430
  • Joanny Pérez: Rosquillas de Matambú: 8877-9888

*Los precios de los tours y las artesanías inician desde los ¢3.000. La bolsa de rosquillas tiene un costo de ¢1.500 y hacen envíos hasta la GAM, sujeto al servicio de encomiendas*

 

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