Comunidad, Turismo

Hospédese en la reserva Monte Alto y arrúllese con el sonido del bosque

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¿Alguna vez se ha planteado pasar la noche en pleno bosque de una reserva forestal que nació y se mantiene gracias a una comunidad empoderada? En Hojancha, a solo 30 minutos de Nicoya, eso es posible.

La reserva Monte Alto ofrece al visitante la posibilidad de dejarse arrullar entre grillos y congos, en un ambiente austero pero con todo lo necesario para pasar un buen rato.

Según nos explicó Miguel Méndez, administrador de la zona protectora, una escasez de agua que atacaba a la comunidad en la década de los 90´s los motivó a unirse. ¿La solución? Reforestar y proteger el bosque alrededor del Río Nosara para volver a llevar agua a las comunidades.

El grupo de vecinos creó la Fundación Pro Reserva Forestal Monte Alto y empezaron a recaudar fondos para la compra de terrenos en manos privadas.

Los espacios de hospedaje están abiertos al público. Mayoritariamente son reservados por turistas extranjeros.

Hoy, en esta reserva se puede hacer turismo. No es difícil llegar. Una vez en el centro de Hojancha, solo deberá guiarse con los rótulos de la reserva. Otra dirección usual es desviarse en el camino que lleva hacia el sector de Pilangosta, cuyo camino es de lastre pero sube todo tipo de vehículo en época seca. En temporada lluviosa se necesita un carro alto (no necesariamente un 4×4).

La Reserva forma parte de la Zona Protectora Monte Alto, que cuenta con 924 hectáreas protegidas. El bosque se clasifica como bosque húmedo tropical: sentirá el calor de la playa pero combinado con la humedad del bosque.

En pleno bosque

La primera opción que tiene es alquilar un espacio dentro del albergue de la reserva, un edificio de madera en forma de A con un piso superior al aire libre, lleno de camas individuales, cada una con un mosquitero. Desde allí podrá ver las montañas de Pilangosta.

En la parte de abajo hay unos dormitorios para quienes no deseen exponerse tanto al bosque. Cada cuarto tiene camarotes.

El albergue tiene baños y una capacidad para 25 personas. La reserva ofrece servicio de alimentación en un comedor para los que pasan la noche, con costos que no superan los ¢3.500 por comida.

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“Aquí contamos con electricidad, agua potable, Internet. Es estar en el bosque pero con comodidades. Un 90% de la gente que aprovecha esto son extranjeros. El resto son estudiantes de universidades para investigación”, nos cuenta Víctor Esquivel, encargado de los programas de educación ambiental en la reserva.

Si desea algo más privado, en Monte Alto también podrá encontrar una cabaña para cuatro personas en la mitad del bosque, con su propio baño y cocina. Esquivel nos dice que es ideal para pasear con familiares o amigos.

Más que dormir

La reserva tiene cinco senderos, tanto para los que quieren pasar la noche como para los que buscan pasar unas horas en contacto con la naturaleza.

Uno de ellos se llama Las Orquídeas y, como su nombre lo indica, fue hecho para preservar este tipo de plantas. Según el Sinac, el área protegida alberga unas 74 especies de esta planta.

Todos los senderos están debidamente demarcados, por lo que no hay forma de perderse en ellos. La condición física que exigen la mayoría es baja, pero eso no le resta adrenalina a la caminata, pues siempre lo mantiene a uno expectante de qué nuevo animal verá o escuchará.

Eso sí, si desea un mayor desafío puede optar por el sendero La Ceiba que llega al punto más alto de la reserva, el mirador Monte Romo, a unos 880 metros sobre el nivel del mar. Son 3,5 kilómetros para unas tres horas de caminata ida y vuelta. En la cima tendrá una vista 360° de la provincia: desde el Golfo de Nicoya, pasando por Cañas, Liberia hasta ver la costa de Sámara y Carrillo.

La reserva cuenta además con servicios sanitarios, áreas de pic nic para el visitante de un día, un pequeño museo y un viejo trapiche. Además, cuenta con una sala de reuniones que puede ser apartada por cualquier interesado.

“El Estado se unió a la conservación dos años después (1997) de que la Fundación ya se había comprometido a proteger los recursos. Hoy también participan otras fundaciones como la organización alemana Trópica Verde”, dice Méndez.

A la fecha, la reserva opera a través de un modelo público – privado y todos los recursos son gestionados por la Fundación para mejorar la infraestructura, reforzar los programas de educación ambiental, reforestación y prevención de incendios forestales.

Más información:

Horario: De 8 a.m a 4 p.m todos los días

Entrada: ¢1.000 por persona. Niños no pagan

Hospedaje: ¢8.000 por persona

Para reservaciones: Llamar al 2659 9347

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