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La odisea de viajar en bus a Nosara

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Hace unos 35 años entró el primer bus público a Nosara, cambiando por completo la dinámica de ese pueblo. Hoy, aunque los pasajeros ya no viajan con el ganado y en cajones de madera, el paisaje y los caminos parecieran ser los mismos, hasta el bus parece ser aquel que entró por primera vez a Nosara.

Viajar en ese bus retro, en donde el tiempo parece no haber pasado, es toda una odisea. El polvo en el verano, la lluvia en el invierno, los brincos, el calor, el tumulto y el olor a cuerpo humano son los grandes protagonistas.

Para quienes viajan como parte de su rutina diaria, este desplazamiento representa un calvario difícil de acostumbrarse, o, si nació montándose a ese bus, el viaje es la siesta del día. Para el viajero libre, es una oportunidad para empaparse más a fondo de la esencia y los personajes de este pueblo rural porque esos pasillos ven pasar a todo tipo de personas, de todas partes del mundo.

Durante dos horas de viaje , la “cazadora” se convierte un espacio de introspección, amistad, cultura y comunión entre desconocidos.

Lo cierto es que el que no haya tomada alguna vez este particular bus, se está perdiendo de un símbolo cultural icónico, que no se sabe cuantos años más estará vigente, porque si algún día llega el asfalto a esas tierras, la experiencia será otra.

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