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La vida en la calle

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Despertarse en la cama, ducharse, desayunar, ir al trabajo, cenar un plato de comida caliente, ir a dormir y volver a despertarse. Esa es una realidad que tomamos por normal, pero si presta atención, en las calles de ciudades como Nicoya, Santa Cruz o Liberia hay otras realidades. Allí, en las aceras frente a las iglesias, en las banquetas de los parques o en lotes baldíos, están los indigentes.

¿Cómo es el vivir diario de éstas personas?, ¿Quiénes son?, ¿Tienen familias? Durante varios días, la fotoperiodista Ariana Crespo entrevistó y fotografió a cinco personas que viven en las calles de Nicoya, para conocer de cerca cómo satisfacen sus necesidades básicas y cuáles son sus historias.

No fue fácil. Algunos pasan semanas sin bañarse, otros pueden espontáneamente montar en cólera. Entrevistarlos es complejo y requiere de mucha paciencia porque varían las historias de un día al otro. Para establecer contacto, Crespo les brindó galletas, gallo pinto, chop suey y refrescos aunque a veces no lo aceptaron.

Pero encontramos que no están completamente excluidos de la sociedad, pues reciben ayuda de instituciones como la Iglesia Oasis de Esperanza, el Ejército de Salvación e incluso de gente que los conoce.

Dormir en las banquetas del parque, aceras de negocios o corredores de casas es parte de las dificultades de vivir a la intemperie. Para conseguir dinero a veces cuidan carros, recolectan latas o arrancan zacate, aunque es común verlos en ciertos rincones esperando que el día pase o pidiendo plata. Para bañarse frecuentan las quebradas de agua en los alrededores del centro y allí mismo lavan su ropa.

Para confirmar las historias contadas por los entrevistados, hablámos con aquellos que los ayudan, como La Cruz Roja, la Fuerza Pública y miembros del el Ejército de Salvación de Nicoya. En ocasiones ven casos de profesionales que caen en la indigencia teniendo casa, familia e hijos. Aseguran que los conflictos familiares, las enfermedades, el alcoholismo y la farmacodependencia poco a poco se apoderan de estas personas, que terminan deambulando sin rumbo por las calles nicoyanas.

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