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¿Mastodontes en Nicoya? Sí, y otros gigantes también la habitaron

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Un gran elefante peludo se acerca a un antiquísimo río Nacaome cerca de Quebrada Honda de Nicoya en busca de agua. De pronto, una crecida del río o un derrumbe lo entierra durante miles de años, hasta que en 1978 un vecino de la zona llamado Vetsalio Rivas encuentra unos huesos extraños: los restos fósiles de un mastodonte.

Es difícil saber con exactitud cómo murió este animal, pero es probable que haya sucedido de este modo. Así lo explica la coordinadora técnica de la sección de Geología del departamento de Historia Natural del Museo Nacional de Costa Rica, Ana Lucía Valerio.

“Nuestros campesinos son muy curiosos, ellos andan siempre en el campo y a veces encuentran piedras extrañas. Muchas veces esas piedras extrañas no son piedras, sino que son restos de huesos fosilizados de algún animal prehistórico”, añade Valerio. 

A principios de los años 90, el departamento de Antropología del Museo hizo excavaciones en ese mismo sitio para averiguar si el mastodonte fue cazado por seres humanos. Desde entonces, especialistas en paleontología han encontrado al menos tres especies extintas que habitaron en la zona.

Antes de saber si unos “tatara tatara abuelos chorotegas” corrían por Guanacaste con lanzas y hachas tras estos gigantes, le pedimos a Valerio que fuéramos un poco más atrás en el tiempo para conocer cómo llegaron estos animales a la zona.

Un nuevo puente llamado Costa Rica

Por millones de años, América del Norte y América del Sur fueron dos grandes masas de tierra aisladas una de la otra. Cuando las tierras que conforman Costa Rica y el resto de países de Centroamérica empezaron a formarse, crearon un puente que las  especies de animales de norteamérica, como los mastodontes, utilizaron para migrar hacia el sur, y las de suramérica hacia el norte. A este evento se le conoce como el Gran Intercambio Biótico Americano (GABI, por sus siglas en inglés). 

“Yo me imagino que iban buscando mejores condiciones climáticas y de alimentación, entonces migraban”, deduce.

La geóloga apunta que existen muchas teorías sobre su extinción. Una de ellas sugiere que estaban restringidos a zonas específicas y empezaron a reproducirse entre ellos, lo que causó enfermedades y diezmó sus poblaciones. Otra de las posibilidades es que un cambio climático los haya dejado sin alimento.

“Tal vez muchas cosas influyeron y no solo una. Estos animales comían mucho, entonces es posible que al cambiar las temperaturas y la vegetación, las poblaciones empezaran a ser cada vez menos”, añade Valerio.

Megafauna gliptodonte
El gliptodonte era un herbívoro extinto, que evidencia un parentesco con los armadillos, tenía un gran caparazón redondeado compuesto de pequeñas placas y también habitó Guanacaste. Ilustración: Dunkan Harley

Un ecosistema sin plantas suficientes para alimentarse debió ser muy hostil para estos grandes herbívoros. El mastodonte era un pariente lejano de los elefantes actuales, tenía una joroba cercana a la cabeza y medía unos 2,7 metros de altura. Era grande y peludo, pero no tanto como los mamuts.

14 años después de reconocer los restos del mastodonte, el departamento de Antropología visitó nuevamente el sitio. En ese momento, encontraron nuevos restos que vincularon a otro gigante: un gliptodonte.

También era un herbívoro extinto, que evidencia un parentesco con los armadillos, tenía un gran caparazón redondeado compuesto de pequeñas placas y una cola puntiaguda con la que posiblemente competía por comida o por ganar el derecho a aparearse.

En los recorridos de inicios de los 90, en el mismo sitio paleontológico, también encontraron un animal que no entra en la categoría de la megafauna: un caballo americano. Estos animales venían de América del Norte y se extinguieron en América del Sur. Actualmente, los caballos que hay en el continente fueron traídos por los españoles después de la conquista.

El gliptodonte y el mastodonte convivieron durante varios miles de años con los primeros humanos que poblaron el continente, y esa también es una posible causa de su desaparición.

Entonces, ¿las especies encontradas en el sitio paleontológico Nacaome habitaron con los humanos?

Un proyecto de investigación que realizó el Museo en 1992 señala que “llama la atención la existencia de marcas a manera de incisiones en algunos de los huesos del mastodonte”.

Sin embargo, Ana Valerio explica que no encontraron evidencia humana asociada a estos restos fósiles. 

“Por eso los ejemplares están ahora en el departamento de Historia Natural, en la sección de Geología, porque no tienen evidencia cultural”, como cuchillos o herramientas que los vincule, agrega.

Valerio explica que ya no queda nada orgánico y estos huesos están muy litificados, es decir, el grado de compactación convirtió estos sedimentos en roca. Por eso calcula que la edad de este yacimiento paleontológico se ubica en el Pleistoceno superior, hace unos 12.700 años. 

Para entonces ya habían humanos poblando el continente, pero el geólogo y antropólogo de la Universidad de Costa Rica, Javier Oviedo, añade que en ese momento aún no habían sociedades complejas.

“Existían grupos aislados de humanos que vivían de forma nómada, moviéndose de un punto a otro, buscando las presas y recogiendo comida. Creaban campamentos momentáneos, pero había una estructura social definida” asegura. 

Todavía faltaban varios miles de años para que llegaran a estas tierras los chorotegas.

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