Medio Ambiente

Salud impulsa utilización de biojardineras para tratar aguas de consumo en Nicoya

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En estos tiempos de sequia desperdiciar agua no es una opción, sobre todo al estimarse que en el 2016, Guanacaste seguirá con déficit de lluvias similar al de este año.

Debido a esto, el Área Rectora de Salud de Nicoya y el Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional (UNA), establecieron un convenio para financiar, capacitar y asesorar la construcción de biojardineras en el cantón de Nicoya. 

Las biojardineras o humedales horizontales, son unidades que utilizan plantas acuáticas para el tratamiento de aguas residuales grises, principalmente las que provienen de una vivienda, aunque también se usan en proyectos más grandes como residenciales, industrias y hoteles.

Mario William Acosta, coordinador del programa de biojardineras del ministerio de Salud, informó que desde el 2013  que se inició la implementación de estos sistemas en la comunidad de nicoyana de Hondores. En esa ocasión, la UNA inició un plan piloto en la casa de la familia Jiménez López quienes hoy se benefician del ahorro de agua. 

María Gregoria López Castrillo, se siente satisfecha con los resultados que han obtenido al implementar la biojardinera en su hogar de cuatro miembros. “Ha sido bastante bien, antes el recibo del agua me venía a unos ¢4.500 mensuales y ahora me viene a unos ¢3.200 y utilizamos el agua de la biojardinera en invierno para lavar corredores y en verano para regar las plantas”, explicó.

De acuerdo a Maritza Marín, encargada del proyecto de biojardineras de la Asociación Centroamericana para la Economía, la Salud y el Ambiente (ACEPESA), se requieren unos seis meses de instalada la biojardinera para que funcione de manera óptima

Además, indicó que en promedio una persona gasta alrededor de 250 litros de agua diariamente y que con la biojardinera el ahorro podría ser de un 30% mensualmente.

Según las estimaciones de Marín, el ahorro en la factura mensual en una familia de cuatro miembros sería de unos ¢900 por recibo de agua. 

Por otra parte, Mario William Acosta, indicó que la implementación de estos sistemas es fundamental sobre todo en tiempos de escasez de  agua, además él considera que mediante su uso se pueden evitar criaderos de mosquitos al evitar que el agua residual que normalmente se desperdicia o se tira al patio de la casa, quede estancada.   

“La gente está botando mucha agua. En estos tiempos de sequia, las biojardineras son una excelente opción para quienes desean ahorrar agua”, señaló Acosta.

Adicionalmente, en este mes de octubre se construirá una biojardinera en la comunidad de Barra Honda de Nicoya y se tiene planeado construir otras dos en la misma comunidad y una en Nandayure.

Proyecto para limpiar agua contaminada de quebrada

Algo interesante es que las biojardineras no tratan exclusivamente las aguas grises de hogares, sino que también pueden limpiar aguas contaminadas en quebradas

Ericka Campos, presidenta de la Asociación de Desarrollo de Hojancha, informó que efectivamente se tiene planeado construir una biojardinera comunal para recuperar la salud de la Quebrada Elena, ubicada en el casco urbano del cantón.

Según Campos este proyecto se encuentra en la etapa inicial de estudio y será hasta en 2016 que esperan desarrollarlo cuando tengan definidos costos, diseños y detalles del plan.

Sobre el mantenimiento de la biojardinera, Acosta explicó que es necesario remover las grasas y residuos cada semana, los cuales pueden ser utilizados como compost. 

¿Cómo funciona una biojardinera?

Para que una biojardinera funcione, se debe excavar un hueco de unos 75 centímetros de profundidad, que debe ser impermeable para que no se le escape el agua y puede construirse con materiales como concreto, fibrocemento, bloques o ladrillos.

De esta forma, las aguas provenientes de lavamanos, duchas en los baños, cocina y del lavado de ropa llegan por gravedad a un primer recipiente o trampa de grasas, donde se atrapan por medio de un cedazo fino los residuos más grandes, luego el agua ingresa al biofiltro donde se colocan plantas de humedal con raíces largas y piedra caliza. Se terminan de filtrar los residuos que quedan atrapados en las piedras y son absorbidas por las raíces de las plantas.

Finalmente, el agua restante, aunque no es para consumo humano, es depositada en un tanque  para usos diversos como riego de jardines, lavado de patios, lavado de automóvil y hasta para criar peces. 

En el caso de las dimensiones, son diversas  según el tamaño de la familia y van desde los 5 metros de largo por 75 cm o hasta de 10 metros y 75 centímetros.

El costo aproximado de una biojardinera es de unos ¢350.000.

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