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Solana Pub: hamburguesas y rock en Nicoya

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La cumbia, el reggaetón y la bachata son el soundtrack indiscutible de la noche nicoyana, si usted es como yo y prefiere darse un descanso de esos géneros musicales, esta puede ser una razón de peso para quedarse en la casa un viernes de fiesta.

Eso cambió hace algunos meses cuando abrió Solana Pub en las afueras de la ciudad colonial.

Está ubicado en el segundo piso de Plaza Ruta 21 (en la carretera principal entre Nicoya y Santa Cruz) y es una mezcla entre pub inglés, sport bar y restaurante. En cada esquina del lugar cuelgan grandes imágenes de iconos del rock como Freddy Mercury, Elvis y los Beatles y, justo en el centro, hay pantallas apuntando en todas direcciones que proyectan fútbol americano o el deporte que lo amerite ese día. 

Como ya lo he visitado antes llegué con mi amiga Andrea como refuerzo por dos razones: porque la comida es mucha y porque la carta sólo ofrece papas fritas y aros de cebolla a mi vegetarianismo.

Mientras subimos las gradas de Solana logra oírse Bennington desgarrándose a través de los parlantes. Quizá esto no suene tentador para algunos pero es reconfortante escuchar Linkin Park en vez del “magdalena-magda-magdaleeeena” que suena un día sí, y otro también en Nicoya.

Win Jung Fong Lu el administrador, nos recibe en una mesa frente a la barra. Es un nicoyano de 30 años, lleva una camiseta verde que hace juego con el color de su pelo. Win nos hace una breve reseña de cómo nació el pub antes de atacar el paladar de Andrea y mío con sus mejores armas.

“Mi papá tiene un restaurante aquí en el centro y yo nací en esa cocina”, recuerda Win. A los 16 años fue a San José para estudiar y trabajar, después de buscar su vocación en varias carreras distintas decidió estudiar cocina, pero alejándose de los restaurantes de comida china como el de su papá. Para eso regresó a Nicoya después de 14 años, a iniciar con este proyecto, una propuesta que no existe lejos de las costas de la bajura.

Hamburguesa, rock y paisaje

Solana es una terraza para poco más de 100 personas, con vista panorámica de 180 grados de los cerros que envuelven Nicoya, una idea que a Win le tomó tres meses materializar. Esas previsiones el cuerpo las agradece estos días de verano, ya que el ambiente es muy amplio y fresco.

Antes de que lleguen los platos empieza un ruido mecánico que viene desde arriba, el techo se abre para dejar ver la copa de un inmenso árbol de Guanacaste que se levanta junto al pub.

Estaba pensando que nunca había estado en un bar descapotable cuando llega una cantidad de comida a la que Andrea no va a poder hacerle frente. La mesa queda poblada de punta a punta frente a ella como si fuese de la realeza y yo el escribano que espera atento para redactar sus veredictos tras cada bocado.

Mi amiga empieza su festín con una receta que Win inventó hace años y la metió al menú de Solana: el ceviche asiático. Una combinación de camarones, pescado, cebolla morada en julianas, ajonjolí y salsa de soya que, según Andrea, equilibra muy bien la acidez del limón. Como acompañamiento trae tiritas de wantan que limpian el paladar después de cada bocado, por eso, “cada cucharada de ceviche es como si fuese la primera”, me dice Andrea.

Solana Pub es una mezcla entre pub, sport bar y restaurante a las afueras de Nicoya. También ofrece eventos como música en vivo, DJ’s y fiestas.

Para mí no hay plato fuerte pero lo que sí puedo reseñar son dos de los 19 cócteles del menú, un trato bastante justo. Primero pruebo con el mojito, un trago muy refrescante y generoso en todos sus ingredientes: ron, bastante hierbabuena, limón, azúcar y soda. De no ser por las semillitas de limón que se pegaban del otro extremo de la pajilla me lo terminaría en segundos.

Ahora ‘Andre’ ataca la Hamburgona, una hamburguesa de los siete tipos que hay en el menú. La parte al medio para poder manipularla porque es muy grande. Tiene torta de res a 3/4 de cocción aproximadamente, lechuga, tocineta, queso cheddar, un huevo frito y está coronada por dos aros de cebolla. “El huevo es un ‘hit’, no lo había probado antes en una hamburguesa y da un sabor rico pero que se pierde un poco entre tanto ingrediente”, me dice mi amiga.

La Hamburgona (¢5.500) es una de los siete tipos de hamburguesa que vende Solana Pub. Tiene tocino, queso chedar, tomate, lechuga, cebolla, huevo frito y la coronan dos aros de cebolla.

Yo inauguro una margarita azul, mi segundo cóctel de la tarde, mientras Andrea se enfrenta ahora a un rack de 6 costillas a la barbacoa. Un poco picantes por la pimienta, sospecha, pero “tiene un ahumado riquísimo y la carne perfectamente cocinada se despega del hueso sin esfuerzo”, me asegura.

La sal del borde de la copa en la margarita azul nivela bien lo dulzón del trago, es suave en licor pero con cada sorbo siento la necesidad de buscar una piscina y acabarmelo flotando en panza arriba hasta que se apague la tarde. Andrea le da un sorbo y dice lo mismo pero más resumido: me sabe a amor propio.

Desde nuestra mesa se ve el atardecer prendiendo las nubes de rojos y naranjas encendidos, por los parlantes suena mi propio soundtrack “I’m on a highway to hell” de AC/DC.

  

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