COVID-19, Santa Cruz

El Tamarindo sumergido en la incertidumbre del COVID

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Del Tamarindo abarrotado de turistas locales y extranjeros queda poco o nada de rastro. Es domingo 5 de julio y aun con el inicio de vacaciones de medio año de escuelas y colegios de todo el país, la que es una de las playas más visitadas de Guanacaste luce casi desierta.

La calle paralela a lo largo de toda la costa, desde el estero hasta la rotonda al final de la playa, está desolada. Ya no hay cuadraciclos, bicicletas con tablas de surf ni gente caminando en todas direcciones. 

Cuesta imaginar que hace tres meses esa misma ruta de solo 2km de largo era motivo de discordia entre locales, comerciantes y la municipalidad. Antes era tanto el congestionamiento, que el pueblo exigía rutas alternas para entrar a la playa de Tamarindo y poder sortear cualquier emergencia. 

El gerente general del hotel Capitán Suizo, Urs Schmit, lo resume así: “Antes era un pueblo alegre, con energía”. Y remata: “Ni qué decir de las noches”. 

El ambiente de fiesta, el ruido que se escapaba a diario de bares, discotecas y restaurantes desapareció. En algún momento fue tanta la bulla y tanta la cantidad de eventos, que la Asociación de Desarrollo de Tamarindo exigió a la municipalidad de Santa Cruz elaborar un reglamento que estableciera más y mayores reglas para el desarrollo de actividades en el lugar.

Un estudio de contaminación sónica evidenció que el ruido provocado por diferentes eventos a finales de año, por ejemplo, sobrepasaban lo permitido por el Reglamento para el Control de Contaminación por Ruido de la Ley General de Salud.

El documento señaló que mientras en una zona comercial durante la noche se permitía que los niveles de sonido fueran de máximo 55 decibeles, en Tamarindo alcanzaban niveles de 81 decibeles.

Pero ahora la preocupación y la prioridad del distrito nueve de Santa Cruz es otra: sobrevivir a la crisis provocada por el COVID-19.

Son las 8 a.m del domingo 5 de julio y en la playa de Tamarindo la gente corre, camina, pasea a sus mascotas, algunas familias juegan con sus hijos y una que otra persona surfea. Falta una hora y treinta minutos para que la Ley les alcance, pues, en tiempos de pandemia, la jornada que permite Salud es reducida: de 5 a.m a 9.30 a.m. “Bueno, recojan”, dice una señora a la orilla de la playa a quienes parecen ser sus hijos. Son las 9:45 a.m. y ya la playa luce casi desierta. Foto por Mari Arango.

¿Hasta cuándo nos alcanzará la plata?

El Instituto Costarricense de Turismo (ICT) dijo que “el turismo es el sector más golpeado por la pandemia”. En Tamarindo, todo o casi todo, gira alrededor de ese sector.

El primer golpe para la comunidad costera llegó con el cierre de fronteras.

En términos generales, y según datos del ICT, el Aeropuerto Daniel Oduber Quirós en Guanacaste reportó 37.826 llegadas internacionales en marzo. Una caída de 52,5% en comparación con el mismo mes del 2019. 

El hotel que dirige Smith, el Capitán Suizo, como muchos otros de la zona, tienen justamente al público extranjero como sus principales clientes. Smith cuenta que con la pandemia no pudieron mantener a ningún empleado a tiempo completo. El hotel está cerrado desde finales de marzo.

Teníamos 80 empleados. Ahorita 47 están suspendidos y el resto con jornada reducida”, detalló. 

Aseguró, eso sí, que han hecho un esfuerzo para que a ninguno de ellos les falte comida. A los trabajadores que les redujeron la jornada les mantiene un ingreso mínimo y a los suspendidos, les llevan comida quincenalmente. 

Nuestra preocupación es la incertidumbre de cuándo vamos a llegar a números positivos. No creo que podamos abrir en noviembre, ya eso no parece un escenario posible con los picos de contagio y estamos preocupados porque se nos va a gastar la plata que tenemos ahorrada”, comentó el gerente. 

Datos de la ADI de Tamarindo aseguran que en el lugar operan unos 109 hoteles en total. 

El segundo golpe para Tamarindo llegó con las medidas sanitarias para contener la propagación del virus. Primero, Salud cerró las playas al público en general, y luego, unas semanas después, condicionó su apertura a un horario de 5 a.m. a 9: 30 a.m. 

Es decir, sin turistas internacionales ni nacionales, la situación económica se complicó más. 

Ignacio Holst es dueño de dos tiendas sobre la carretera al frente de la playa. El domingo 5 de julio que visitamos el lugar era el primer fin de semana desde mediados de marzo que abrió. 

Según Holst, esa apertura “tímida” respondió a una estrategia de sacar mercadería en liquidación y apostarle de alguna forma al residente local y extranjero de Tamarindo. “Lo que hicimos fue armar unos muebles afuera [de la tienda] con un montón de camisetas que quedaban en una única talla y probar suerte”, mencionó.

Dijo que son los locales los que están aprovechando las oportunidades de las rebajas, y en segundo lugar, los extranjeros que tienen su casa en Tamarindo o que se quedaron “atrapados” por la pandemia. 

Al igual que Capitán Suizo, Holst asegura que están viviendo de los ahorros.  “Con el poco movimiento que hay, lo que estamos haciendo es encontrar la forma de mantenernos a flote [subsistir]”, agregó.

Como las tiendas de Holst, varios rótulos a las afueras de los restaurantes y tiendas anuncian ofertas como platillos a 50% o camisetas en rebaja para atraer a algunos pocos y sortear la crisis. 

Una de las formas que idearon los propietarios de tiendas, restaurantes y hoteles para sobrellevar sus negocios en medio del COVID-19 es lanzar ofertas para atraer a un nuevo público: el turista costarricense y a los habitantes de la zona. Antes, el público mayoritario era otro: los extranjeros, pero el cierre de fronteras dejó a Tamarindo sin sus principales clientes. Foto por Noelia Esquivel

Gobernar para quiénes

El 24 de junio pasado, unas 100 personas de la comunidad de Tamarindo hicieron una marcha en la calle principal de la costa para exigir a las autoridades un plan de reactivación económica exclusivo para zonas costeras.

De acuerdo con un análisis realizado por La Voz de Guanacaste, Tamarindo es el distrito que más dinero aporta a Santa Cruz. 

Entre el 1° de enero y el 30 de junio del 2019, comercios y habitantes de Tamarindo contribuyeron con ¢1.096 millones en el pago de impuestos como bienes inmuebles, recolección de basura, patentes, impuestos a la construcción, entre otros. La cifra significó un 23% del total recaudado por la municipalidad.  Es el porcentaje más alto entre los nueve distritos del cantón. 

Este medio consultó a la municipalidad cómo la crisis podría afectar ese nivel de contribución a través de la suspensión de patentes o moratoria para el pago de impuestos, sin embargo, al cierre de esta publicación, no fue posible obtener la información.

La vecina de Tamarindo y parte de las organizadoras de la marcha, Mitzam Fontiveros, dijo que era necesario que el Gobierno hiciera medidas diferenciadas. Según ella, más del 70% del comercio del lugar está cerrado, y la situación que viven las comunidades del distrito “es precaria”.  

Eduardo Vargas, gestor de proyectos de la ADI de Tamarindo, coincide con Fontiveros. En su criterio, las medidas económicas que adoptaron las autoridades son desde una visión valle centralista y no con criterios diferenciados por zonas del país. 

Están manejando el problema [la pandemia] como si todo Costa Rica fuera San José”, comentó. 

Vargas opina que las autoridades deben darle herramientas a las zonas costeras para sobrevivir, como protocolos sanitarios claros para el turismo de aventura, para restaurantes y hoteles. 

El destino se puede preparar con estos protocolos. Es más, ya sigue los que Salud exige. Si los seguimos, los niveles de afectación podrían ser mínimos para la Salud. Podemos hacer que Tama sea un ejemplo de cómo manejar el turismo”, agregó el gestor de proyectos. 

Holst, de la tienda de camisetas, va más allá, y afirma que los empresarios de la zona están hasta cumpliendo un rol que debería cumplir el estado. 

Según él, son muchos los empleadores que asumieron la responsabilidad social de ayudar a sus empleados, teniendo el derecho de tomar otras decisiones como suspenderlos. 

Mis empleados pidieron el bono Proteger y a ninguno les llegó, entonces muchos comerciantes estamos tratando de ayudar porque sabemos que nadie los va a ayudar. Y aquí es muy importante decirlo: no estamos en contra de las directrices de Salud”, comentó. 

Tanto Vargas como Holst concuerdan en que son los mismos locales los que se están organizando para salir adelante. A modo de ejemplo, la ADI destaca cómo la organización se unió a otras empresas de la zona, como CEPIA, para llevarle alimentación a más 500 familias.

«Parque Nacional Marino Las Baulas CERRADO por emergencia nacional sanitaria covid-19”, dice un papel roto y arrugado, que se sostiene con chinches de un árbol en el estero de Tamarindo. Un poco más adelante, Daniel Arrieta intenta matar las horas sentado en una lancha recostada sobre la arena. “Vengo desde Villarreal a revisar los botes y a despejarme. Estoy aquí de nueve a cinco y se me hace eterno. No estoy acostumbrado a esto, (antes) ni hora de almuerzo tenía”. Daniel trabaja en turismo desde hace 15 años, como muchos otros, su economía depende de lo que logre generar durante la temporada alta. “No lo termino de asimilar. Algún día volveremos a la normalidad, si no, Dios nos tiene algo preparado. No hay otra realidad que esta”. Foto por Mari Arango.

Más allá del dinero

Brenda es vendedora en una de las tiendas de Holst. El salario se lo redujeron por la crisis, pero todavía tiene una entrada de dinero. Ella cuenta que es en los pueblos, en El Llano, en Santa Rosa y en Huacas donde más se siente la crisis. Más que a la orilla de la playa.

Dice que conoce a mucha gente que fue despedida y que “ahora no tiene nada”. “Vea, es que todos pensamos que esto iba a durar menos, pero que va”, nos dijo.

Según Vargas, de la ADI, ya en el centro de Tamarindo se puede apreciar un aumento de personas en condición de calle, lo que eleva la tensión en la comunidad.

“Vemos por lo menos cuatro meses más de crisis en la costa. Son cuatro meses más sin dinero, sin trabajo y es inevitable pensar que eso va a traer problemas de alimentación e incrementar los problemas sociales como la droga y la delincuencia”, explicó.

De hecho,Tamarindo no es ejemplo de riqueza para todos.  El Índice de Progreso Social (IPS) realizado por Incae, reveló que este distrito costero es uno de los diez destinos turísticos (de 32 analizados en el país) con menor progreso social. El IPS mide la eficiencia con que una comunidad convierte la riqueza económica en desarrollo para todos.

Y aunque algunos coinciden en que de entre todo lo malo hay algo bueno, como un pueblo mucho más tranquilo, la incertidumbre borra rápidamente cualquier sonrisa. 

“Es que como le digo, [esto] es triste”, sentencia Brenda.

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